lunes, 6 de agosto de 2012

La Venganza Perfecta




He prometido no volver a hablar sobre él. En primer lugar  por paz emocional y espiritual, segundo porque después él piensa que todo lo que escribo es para él y tercero porque siento que ya no es tan relevante en mi vida. Pero yo no escribo por despecho sino por desahogo, y no escribo para atacar sino para nunca olvidar lo que he vivido.

Cuando conocí a A. no lo encasillé en ningún rol romántico ni me propuse conquistarlo, it was just a game, era casi como: si… está medio guapo, es varonil, besa muy rico, tiene personalidad y hasta allí no más. En realidad fue algo que se dio y ya.

La atracción física que sentíamos era de locos, no podíamos estar despegados (literalmente), era la pasión en estado puro y sin querer nos fuimos metiendo a un rollo algo complicado, al principio era bonito, era excitante después poco a poco fue siendo tan agobiante que solo conseguimos hacernos daño.

Él es extremadamente machista, yo, un alma libre y mi desagrado a los títulos y nombres que te hacen “propiedad” de alguien.

Las reglas fueron muy claras al principio: nada de celos. Respetémonos. Nada de hablar ni salir con otras personas. Somos novios pero también amigos, nos llevamos tranquilo y hay que hacer que funcione, mi amor, mi princesa…ujumm bullshit.

Y mientras Juan El Loco y Felipa La Hermosa terminaban de enamorarse, empezaban también a desbaratarse. Preguntando dónde estás, con quién estás, quitá esa foto, dejá de ser tan coqueta, dejá de ser tan celoso, por qué te manda fotos esa zorra, por qué te habla así ese pendejo, por qué no te das tu lugar, ¿por qué no me das MI lugar…?   

Cuando agarré su celular y leí conversaciones con otras mujeres me dolió mucho y no porque estaba totalmente cegada y creída de que él era el hombre más fiel del mundo pero si me preguntaba a mí misma: ¿por qué si es tan celoso conmigo y me exige fidelidad, hace esto? Pues precisamente por eso amiga, “el que las hace se las imagina” y se las imagina peor.

Mi confianza se desmoronó por completo, así como mi respeto y el amor bonito que empezaba a sentir por él. Estaba segura que continuar así sería una tortura placentera pero tortura al final. Pero la pasión seguía allí, intacta, es más crecía con las peleas, entre más te odio, más te amo, entre más me hagas yo te hago. Era una lucha de poderes y una obsesión que salía de control. Lo podría comprar casi casi como una adicción, de esas que no te dejan nada bueno.

Ya no importaba lo que él dijera o lo que hiciera. Y trataba de seguir con mi vida. Ignoraba sus mensajes y sus llamadas; cuando alguien me contaba algún chisme y yo tenía la sospecha de que era verdad me dolía mucho.

¿Entonces eso es lo que de verdad querés, que terminemos? – me preguntó una tarde después de días de insistirle que las cosas ya no estaban funcionando.
Si, eso quiero.- le dije con mi corazón achucharrado.
-Vos sabés que te amo pero no te voy andar rogando aunque me muera y lo sabés.- me dijo con su ego derrotado y con aires de amenaza.
-No quiero que lo hagás, vos sabés que también te amo pero ya es demasiado.- le dije en ese momento decidida.- se acabó.

Y en esa ruptura melancólica y cursi a la distancia; y A. haciendo honor a su frágil madurez, me borró de su BBM y no supe más de él hasta la madrugada, y para mi sorpresa no era su típica llamada de borracho diciéndome que ama y esas cosas. No. Era mi mejor amigo.

-Gorda, prométeme que no lo vas a llamar.- me advirtió.
Te lo prometo Negro, ¿qué pasó?.- le pregunté.
A. me dijo que quería salir e invitó a dos amigas. Le pregunté: ¿estás seguro de lo que haces? Y me dijo: “tu amiga me dejó, yo estoy soltero.” Entonces yo me quedé en el carro viendo quienes eran. Una, que es la bonita me la estaba tirando a mí, no es fea pero se nota que es una zorra. La otra con la que él anda. No es tan bonita, no te llega ni a los talones Gorda, pero parece que está tonta por él.

Y mi amigo no terminaba de contarme el cuento cuando le colgué y  lllamé a A. con la voz entrecortada para reclamarle. Me sentía como esas esposas llorándole al marido por las amantes, pero me sentía con todo el derecho de hacerlo. Y lo único que me contestó fue: ¡terminamos! ¿Ya no te acordás?, Fue un golpe bajo.

Y entre los mismos reclamos y ahora con heridas, pasaban los días. Dejándome a la incertidumbre. Un día quiero cambiar y quiero ser el mejor hombre. Otro día soy el mismo patán y hago lo quiero. Era como un castigo de su parte por haber terminado con él.

Entonces me harté. Un buen día empecé a escribirle a L. le dije que tenía ganas de salir esa noche y listo, me dijo que no le gustaba ir a bares y a discos porque se mete en líos pero haría el sacrificio por mí. Aceptó gustoso no sin antes hacerme la pregunta que no quería que me hiciera: “¿seguís de novia de A.?” y yo entre queriendo evitar la respuesta… le dije: “estoy soltera”.

L. no es la gran cosa pero si es más agraciado que A. sin embargo A. es más atractivo y mejor me abstengo en eso de las descripciones y comparaciones que ya no vienen al caso.

Era un viernes. Entré al bar, siempre al lado de mi mejor amigo. Nos sentamos y nos quedamos viendo. “¿Estás segura?” me preguntó con una sonrisa cómplice. “Segurísima” le dije.

Y al rato llegó L. nos saludamos, me pidió una cerveza y empezamos a platicar tranquilos, a pesar del barullo que había. Mi mejor amigo se levantó a bailar sabe Dios con quién y las cervezas fueron dos, fueron tres. Y L. se hacía cada vez más atractivo para mis ojos.

Y nos besamos. Y luego las miradas sobre mí. Los amigos de A. viéndome como si fuese la peor de las whores pero no me importaba. Estaba jugando con fuego pero ya qué más daba, entonces fingí que me divertía y que me parecía interesante esa conversación romántica que de hecho poco recuerdo.
Al rato A. entró y me vio con L. agarrada de la mano. Riéndonos y platicando muy cerca. Él estaba con otra de sus “amigas”, una distinta, una mujer muy vulgar por cierto y no lo digo por despecho, pero si parecía alguien de muy baja categoría.

Entonces A. se acercó a la mesa. Saludó a L. pues al parecer eran compañeros en la U (peor no podría ser), le dijo algo muy cerca que no alcancé a escuchar,  volteé a ver a otro lado para evitarlo, pero él se acercó y me agarró una mejilla con sus grandes manos y me dijo: hola…

Es difícil de describir lo que vi en su cara en ese momento y lo que sentía yo en el corazón. No le dije nada pero lo vi fijamente a los ojos y lo que vi fue su dolor, decepción, ira, resentimiento. Fue como verme a mí misma. Todo eso que yo sentí cuando descubrí que me engañaba.

Su mirada sobre mí siguió allí, fija toda la noche incluso cuando estaba bailando con su acompañante, luego me mandaba mensajes de texto advirtiéndome que si no me apartaba de L. “las cosas se iban a poner feas”, yo no lo creía capaz de armar un escándalo, pero si me puse nerviosa cuando empezó a escribirle a L. amenazándolo y diciéndole sabe que tonterías, sin duda que el alcohol y la estupidez no son una buena combinación...

Al final L. decidió irse para evitar problemas y yo me quedé aliviada, al rato mi mejor amigo y yo nos fuimos; el loco de A. quedó bailando con su churnia.

Más tarde, a las 3 de la madrugada me despertó su tercera llamada. Y sí, esta vez sí era A. estaba borracho, estaba dolido… y con todo su machismo, toda su ternura y resentimiento me preguntó: “¿por qué lo hiciste?” A lo que yo respondí con una especie de satisfacción y orgullo pero a la vez sintiendo su dolor: Ajá, contame… ¿cómo se siente?


Y así fue. Al gran macho le dieron de su propia medicina. El intocable. El que las hace sufrir a todas… jaja. ¿Que si me siento orgullosa? ¡No! ¿Qué si me arrepiento? ¡Jamás! Pero la verdad no se lo volvería hacer a nadie. Desde ese momento el cree que soy igual que él. Y quizás no debí hacerlo. Pero era lo que mi intuición me dictaba en ese momento. Y a parte ese cabrón se lo merecía.

Desde ese día descubrí que los hombres también sufren, también lloran, también se decepcionan. Y es tan divertido hacerles saber que no siempre somos las que aguantamos y sufrimos y en silencio todas las burradas que nos hacen.

La época del sometimiento ya quedó en la prehistoria. Ahora se trata de dar lo que se recibe y no me refiero a que esta bien hacer lo que hice pero no me juzguen y déjenme sentir ese placer culposo al recordar esa cara de mi ex… aún me río cuando me acuerdo.

Por cierto L. espero que nunca leas esto y A…. anyways.

miércoles, 1 de agosto de 2012

El Príncipe Azul





Si, es cierto. Todas en algún momento hemos soñado con ese hombre perfecto. Ese príncipe soñado que llegará en un Ferrari en vez de un corcel, que nos llene de flamantes besos y regalos, que sea esa pasión desbordada, que huela rico, que tenga ese porte de caballero y sonrisa pícara, que sea culto, que tenga  todo grande, que te complazca en TODO y que la familia lo adore y tus enemigas te lo envidien a morir.

Es cierto. Todas somos algo pendejas. Todas somos ilusas al creer que un hombre ideal y perfecto nos espera en algún lado. Pues no. Te tengo noticias, la perfección es algo que no se nos concedió a los humanos y mucho menos se les dio a los varones. Esos seres especiales que causan el amor y el odio en nosotras con esa misma intensidad.

La buena noticia es que si bien no existen los príncipes azules, si tenemos el poder de saber elegir a alguien que al menos tenga esas características que deseamos y después moldear sus defectos para hacerlos más perfectos a nuestros ojos, como quien dice, hay que saber besar al sapo para convertirlo en príncipe.

Pero no te alegrés. Que no en todos los hombres funcionan los hechizos. Siempre hay algún idiota que nos tratará de arruinar la existencia al hacernos creer que es el tipo ideal, la cosa más bella, el mejor amante, el único amigo, el más chistoso, el todo. Y después de un tiempo, así por arte de magia saca su verdadero yo y entonces conoces a la bestia que resultó ser todo lo contrario de quien te enamoraste. Como cree que te tiene en sus manos (y quizás así sea), te hará ver que él es quien de verdad te mereces y tenés que aceptarlo así. Si, eso me paso a mi, ríanse pero no mucho porque a todas nos pasa.

Entonces después los poetas andan escribiendo frases absurdas como la que dice que el amor va de la mano del sufrimiento, nos tragamos ese cuento y asumimos que así debe ser. Pendejada completa…

Sé que todas las mujeres somos diferentes. Hay unas muy bellas, otras no tan bellas, algunas un tanto feas y otras que no sabemos lo que somos pero nos sentimos bien frente al espejo. El caso es que todas pensamos, sentimos y actuamos un tanto diferentes… todas buscamos quizás hombres diferentes que se apeguen a nuestros intereses, pero cuando se trata del amor, cuando es sobre AMOR creo que todas tenemos un mismo patrón de estupidez a seguir. La buena noticia es que no es para toda la vida. De alguna u otra manera tenemos que aprender. Para mi desgracia a mí me queda mucho camino que recorrer.

No soy ninguna gurú en relaciones ni quiero serlo, sería la menos apropiada para hacerlo,  soy joven, soy inexperta, aún me queda mucho por vivir y conocer, pero si me tomo el derecho de decir y expresarme en base a lo que he vivido en mi piel y en la de otras personas.

Tenemos la misma naturaleza, esa magia de sentirnos mujeres y dejarnos conquistar. He conocido caraduras que dicen que no creen en esas pendejadas del amor, y que todos los hombres son iguales bla, bla, bla… yo fui una de ellas, de hecho todas en algún momento nos volvemos de roca debido a los golpes y a los “fracasos”. Pero en algún rinconcito de nuestra alma disecada queda algo de ilusión y esperanza de encontrar el amor verdadero. 

Y la pregunta del millón ¿cómo encontrar al hombre de mi vida? Pues hasta ahora creo que no podré contestar esa pregunta porque no tengo idea y si lo supiera allí estuviera con él aprovechando el tiempo y disfrutando mis mejores años de juventud. Siento que hablé como una solterona que la está dejando el tren. Pero solo soy alguien que cree que merece algo mejor.

Pero algo de lo que SI estoy completamente segura es saber identificar a quienes NO podrían ser mi príncipe azul. Y eso solo se podrá saber conociendo bien a la persona de quien te quisieras enamorar. Mi experiencia me ha dicho con golpes y trancazos que no se debe entregar el corazón a nadie así por así, solo porque te subleva y te revienta las hormonas. La ignorancia es el opio del amor.

Entonces, muchos hombres se preguntarán: ¿qué es lo que quieren las mujeres? Si la trato bien y soy el príncipe que quiere, me creerá un tarado y se aprovechará de mí, y si la trato mal ahí andará  como bruta enamorada, “¿quién las entiende?” dicen los freaking hombres, y es verdad. El 80% de nuestras lágrimas son debido a que no sabemos lo que queremos.

Todas tenemos pretendientes, quien diga que no es una mentirosa. De alguna u otra manera atraemos a más de uno. Ojo que no siempre vienen con buenas intenciones. He mencionado más de alguna vez a mis queridos buitres. Esos son aquellos seres que le hacen honor a su naturaleza de animales irrazonables que solo quieren aparearse, dicho más vulgar y más claro, son esos que solo quieren coger. Meterla, sacarla, acabar y adiós. Nice to meet you.

De esos he conocido varios. Tampoco digo que me he metido con ellos. Con verlos, tratarlos un poco y pasar a la fase “b” es suficiente. Y digo en plural porque son más de uno pero no son un montón; digo tampoco soy aquella bomba sexy para que todos se derritan por mi. Pero algunos hombres son así. Ven una escoba con falda y se les enciende el motor. Ni modo así son, ¿qué le hacemos?

Después de los buitres están los pretendientes. Esos que llegan de manera diferente. Esos que no los conociste borracha en un bar, ni lo besaste por despecho. Son esos que quieren llegar bien y te dan la mejor impresión de sí mismos. Quizá te conoció por Facebook o te lo presentó tu mejor amiga o es amigo de tus primos. El caso que te invita a salir, te pide tu número, te escribe, te llama, pasa pendiente, te hace creer la más bonita, la más inteligente. Etc. Y esto suena perfecto si ese baby nos gustara también. Eh ahí el meollo del asunto.

¿Qué pasa si él no te gusta? No tiene aquella gran vozarrón, no es alto, no tiene las manos grandes; esas y otras más tonterías que al fin y al cabo son puros pretextos. Tu ego es más grande. Solo querés andar con el mejor, el más guapo, el del mejor carro, el que conoce a todo el mundo. Aunque sea un patán completo, te vale un comino, al final te enamoras, el Brad Pitt te hizo porra y el chico que te consentía tanto se buscó a otra, y ahora piensa que sos una narcisista y encima cree que te mereces lo que el pendejito te hizo.

Siempre dibujando panoramas trágicos. Pero que pasa si de verdad el pretendiente no es lo que queremos. Sin ser superficiales y sin esperar que el turco millonario que anda en un Mercedes Benz del año te vaya a proponer matrimonio. Hay que ser realistas sin dejar de soñar. Hay personas que solo los queremos como amigos y eso está bien. No somos las malas por pensar así. Cuando alguien no te gusta no te gusta y punto.
Si una mujer rechaza a un hombre quizás no sea porque se cree demasiada cosa para él. Y por lo contrario, si una muestra algo de interés en alguien que nos guste no necesariamente será porque somos zorras o fáciles. Simplemente andamos buscando al indicado (bueno eso depende cómo y a quién busquemos), no se puede juzgar a nadie solo porque no siente lo mismo que nosotros. Debemos aprender a querer y a amar utilizando la razón.

¿De quién quiero enamorarme? Sería la pregunta correcta. Será de un buitre. Será de un turco. Será del vecino del barrio. Del chico que me dedica versos. De aquel que me regala rosas. De aquel que está casado. Del que me ignora. Del que tiene dinero. Del que me conoce bien. Del que la tiene grande o simplemente de aquel que me ha demostrado que me quiere.

Si pensaste que la última opción es la más coherente te felicito, ya estás en otro nivel de tu vida, estás más cerca de tu príncipe azul, más cerca de lo que crees. Serás muy feliz. Pero si sos como yo y te seguís enamorando de puros pendejos, bienvenida al club, quizá en una de tantas le pegamos y encontramos al príncipe, aunque no sea tan azul… Pero que sea príncipe ante todo. 

domingo, 22 de julio de 2012

Todo Es Posible


Expectativa: Es 2007. Estoy en el colegio, disfrutando de mis amigos, bebiendo ron y vodka, having fun, bailando reggaetón, riéndome por cualquier cosa, quiero olvidarme del amor, quiero ser invencible, todos son lindos, amo a todo el mundo, soy poderosa. Estoy loca por entrar a la U. quiero ser abogada, lo que mi padre siempre quiso. Estoy viviendo la vida. Qué hermosa es la adolescencia.

Realidad: tengo 16 y estoy en último año, en el colegio los maestros se dieron cuenta que mis amigos son unos borrachos, me expulsan del  colegio por “perturbar el orden”, mis amigos no son tan lindos, no los quiero ver, no siempre están cuando los necesito, me quedé en una clase, quizás no me gradúe, ya no soy tan poderosa, tengo miedo de irme, dejar mi casa, soy más débil de lo que creo.

Expectativa: es mi primer año de la Universidad en una ciudad algo grande. Me matriculé para estudiar Psicología. Conozco gente muy excéntrica e interesante. Me gusta lo que estudio. La vida lejos de casa no parece ser tan mala. Salgo a fiestas. Que rico es ser independiente.

Realidad: extraño mucho mi casa. Ahora tengo que ahorrar más. Esta carrera es bonita pero siento que no es para mí. Hay gente muy loca, los maestros están todos locos. Creo que Freud es un tanto obsceno. La psicología es para gente muy capaz. Es un atrevimiento el mío estudiar esto sabiendo que estoy loca.

Expectativa: hay unos vecinos que están muy interesantes. A mis primas y a mí nos coquetean. Son futbolistas, tienen un cuerpazo, son altos, visten bien, esos bíceps, esos abdominales. Uno de ellos me pidió mi número, somos amigos en Facebook y me invitó a salir… ¡qué emoción!

Realidad: salimos varias veces con los futbolistas son unos completos idiotas. Al principio nos divertíamos, después sacaron las garras. No hubo nada que lamentar, pero ahora sé que una cara bonita no es sinónimo de buen prospecto. Mejor sigo con mi eterno amor. Amándolo de vez en cuando. Mejor viejo conocido que peor por conocer.

Expectativa: me matriculé en Periodismo. Fue una decisión repentina. Estoy entusiasmada. Quiero hacer nuevos amigos.  Quiero aprender técnicas de redacción. Quiero ser una escritora. Quiero enamorarme del hombre ideal.

Realidad: En el país hay un Golpe de Estado y todo parece un caos. No he recibido clases. Estoy algo decepcionada. No sé si deba estudiar eso. Mi madre no está muy contenta. Ella quiere que sea abogada así como mi padre quería. No sé qué hacer. Solo quiero escribir. Quiero escribirle una novela a Mel.

Expectativa: por fin las cosas se calmaron un poco. Por fin entré otra vez a clases. Me emociona mucho las clases de español y las de Derecho  porque solo de política hablan. Estoy entusiasmada. Mis ganas de estudiar jamás estuvieron tan sublevadas. Por primera vez en mi vida disfruto la vida de estudiante.

Realidad: ya todos me tienen harta, solo hablando de Mel y Micheletti. Qué novela ni qué mierda. Ninguno se merece que yo gaste mis neuronas, mi retina y mi energía hablando de lo mucho que han jodido al país. Políticos estúpidos. No sirven para nada. Mis maestros también. Solo hay dos de calidad, los demás son basura. Solo se van a sentar a hablar de su vida y sobre la novela del golpe.

Expectativa: he hecho amigos en mi nueva carrera. Estoy segura que tomé la mejor decisión. Hay un maestro que se ha hecho muy amigo mío. Le gusta como escribo y me emociona la idea de saber que hay gente como yo. Enterarme de que también se puede comer escribiendo, haciendo lo que más amo. Estoy en el lugar indicado con las personas indicadas, estudiando lo que debo estudiar.

Realidad: no me gusta redactar noticias y peor si son malas noticias. Creo que mi amigo el profesor me sobrevalora. Lo estoy decepcionando. No sé si escribo bien. Creo que ya no quiero ser escritora. Debí elegir estudiar para abogada.

Expectativa: la seguridad y la autoestima han regresado a mí. La vida trascurre tranquila hasta que conozco un abogado. Él es atento conmigo. Nos hacemos amigos. Me pide mi número. Hablamos por Facebook. Poco a poco me voy enamorando. Él tiene todo lo que siempre busqué. Es el hombre ideal. No puedo estar más feliz e ilusionada.

Realidad: el abogado de ensueño resultó siendo “The devil’s advocate”. Que bruta soy. Se acabaron las sonrisas, las noches de insomnio felices. Que pendeja, creer que un hombre es mejor sólo porque tiene más años. Estoy llorando, no quiero fiestas, no quiero saber nada de nada. No quiero saber nada del amor.

Expectativa: mi mejor amigo me presentó a alguien. En realidad ya lo conocía pero no me llama la atención. El abogado del diablo ha vuelto como si nada hubiese pasado. Ya no siento lo mismo pero no puedo ignorarlo. Creo que lo voy a querer toda mi vida. No me interesa nadie más. Creo que todos merecen una nueva oportunidad. La luz regresó a mi vida. El otro... es un “x” para mí.

Realidad: el nuevo amiguito es muy insistente. Besa muy bien. Me llama todos los días a cada momento. Casi no me acuerdo del abogado. Ya no me importa si me habla o no. Es mucho mejor así. Este nuevo chico se cree muy macho y según él me está conquistando. Yo le hago creer que hace un buen trabajo. Con él me divierto mucho pero no es intelectualmente atractivo. No me importa. Pero no quiero nada serio con él.

Expectativa: estoy empezando una relación. Creo que es un buen hombre. Tenemos mucha química. Es un pervertido y me encanta. Estoy segura que las cosas pueden funcionar. Hemos prometido hacer las cosas bien. Dice que me desea en todo momento no creo que me vaya a ser infiel. No lo amo pero lo quiero muchísimo. Ya no me acuerdo de nadie más.

Realidad: extraño mi libertad. Solo pasamos peleando. Él piensa que las cosas se resuelven con besos y caricias. Siento que me equivoqué otra vez. Hay toda una telenovela alrededor. Pero siento que lo amo. Bueno… No sé si lo amo pero igual le digo que lo amo. Descubro que me engaña. Lo engaño también. Definitivamente esto no puede ser amor. Debemos terminar. Decido dejarlo. No puedo dejarlo. Volví a cagarla otra vez. ¿En qué me he metido?

Expectativa: necesito ocuparme de mi vida otra vez. Ponerle mente a mis clases, a mis sueños más inmediatos y lejanos. Olvidarme otra vez del amor, borrarlo de mi sistema. Reordenar mis pensamientos. Estar más junto a mi familia. Redescubrir mi vena literaria. Calmar mis deseos carnales. Ser fuerte y seguir ignorándolo.

Realidad: la juventud se hizo para cometer errores. Voy a regresar con él. No soy tan fuerte como a veces parezco. Ya no me importa el primero ni el segundo ni el tercero. Estoy sumergida en una especie de pasión en su estado más puro y quiero estar allí. En realidad no me importa lo que piensen mis amigos. ¿Será que el amor en exceso es malo?

Expectativa: las cosas se han calmado. Todo se solucionó para bien. Estas vacaciones decembrinas me han sentado bien. Voy a comer como loca para que no me sigan diciendo que estoy muy flaca. Estoy con mi familia completa. Estoy feliz…. ¿y él? Pues… la verdad si lo quiero aunque esté loco.

Realidad: es un año nuevo. Y mi último en la universidad. Él es un completo idiota. Y por alguna razón ya no me siento la misma. Es alguien que no vale la pena. Las cosas han cambiado en mi vida. Me siento muy decepcionada. Siento que tomé muy malas decisiones y estoy pagando las consecuencias. A veces lo extraño. A veces me extraño a mi misma. A veces ya no sé quién soy.

EXPECTATIVA: tengo que ser fuerte para mantener mis decisiones. Abrir los brazos a todas las oportunidades que se me presenten. Olvidarme de cada tonto que me hizo llorar. Ser responsable y más puntual. No debo insultarlo cuando ande borracha. Debo tratar de bailar más y beber menos. Debo dedicar más tiempo a mi familia. Quiero volver a hacer ejercicio. Ahorrar más y comprar menos. Tengo que tener fe, paciencia y humildad. Tengo que ser agradecida con la vida. ¿Y el amor? Pues él sabrá cuando llegar. Debo hacer todo lo que esté en mis manos para hacer que lo escribo se haga realidad.

miércoles, 11 de julio de 2012

Lo haría otra vez…



Volvería a jugar al papá y a la mamá con aquel vecinito que más tarde se convertiría en un total desconocido.

Volvería a emborracharme otra vez un día antes de ir a un retiro espiritual y portarme muy mal mientras las monjas duermen. Volvería a caminar bajo una gran tormenta con mis dos mejores amigos, lo haría mil veces.

Volvería a enamorarme otra vez a los diez años del hombre más lindo e inteligente que jamás conoceré en la vida.

Volvería e elegir a los hombres como mi único delirio, las mujeres son muy cabronas para intentar amarlas. 

Le volvería a dar una y mil veces el primer beso, el segundo, el tercero y el penúltimo.
Sin pensarlo dos veces, volvería a escogerlo a él como el primero si tuviese que elegir otra vez.

Sin dudarlo ni un segundo, volvería a elegir a mi mejor amigo aunque a veces no lo soporte.
Volvería a enamorarme perdidamente de mi profesor de la universidad. Volvería a sentirme así, tan feliz, tan infeliz, tan afortunada, tan idiota.

Volvería a escribirle todos esos cursis poemas que ahora no puedo ni leer porque me da vergüenza.

Volvería a besar al ex de una amiga, volvería a enamorarme de él, volvería a hacerle el amor, una y otra vez…

Volvería a mandar a la mierda a cualquiera que me diga que debo de tener unas tetas más grandes para ser más bonita.

Volvería a colgarle el teléfono una y otra vez y cagarme de la risa y del llanto después.

Sin dudarlo por un momento, volvería a hacer todas las locuras que hice por amor, como escaparme los fines de semana, mentir, gritar, besar hasta el hastío, desvelarme con el BlackBerry, sentir que el día tiene pocas horas.

Volvería a besarme con otro delante de él, volvería a agarrar a otro de la mano, con tal de ver esa cara otra vez, esa sensación de placer al ver que al menos una vez sufrió lo que yo sufrí al enterarme de sus amoríos.

Volvería a llorar otra vez, a tragarme todas mis palabras, a tirar mi orgullo en las corrientes del río
Patuca, a cometer las mismas pendejadas por las que sufrí tanto.

Volvería a gastarme toda mi mesada en libros y en vestidos. Volvería a probar la mota y sentirme en el aire otra vez.

Por Dios que volvería a besar esos labios que me demostraron tanto amor y cariño. Aunque sea prohibido y para algunos: abominable, aunque sea pecado, lo volvería a hacer.

Volvería a elegir la misma carrera aunque a veces me arrepienta. Elegiría una y otra vez ser una loca que le gusta escribir lo primero que se le viene a la mente.

Volvería a grabar esos videos, volvería a hacer realidad todas esas fantasías que existen en los rincones de mi perversión.

Volvería a rechazar a cualquiera que no llenase mis expectativas, a cualquiera que no me llenara como mujer, a cualquiera que no estuviera a mi mismo nivel de pensamiento. Les diría adiós sin el menor de los remordimientos.

Volvería a leer los mismos libros, a escribir las mismas pendejadas. A cometer los mismos errores que en su momento me dolieron pero que me dejaron grandes lecciones.

Los mismos raspones, las mismas cicatrices, los mismos granos, los tendría otra vez…

¿Y de qué valdría arrepentirse? Querer cambiar lo que hice y lo que fui, sería no estar de acuerdo con lo que soy ahora. Y como siempre hago honor a la sinceridad, me siento cómoda y tranquila con lo que soy, con todo y las cagadas y los trofeos, tengo veintiún años y siento que no he vivido lo suficiente, pero si he vivido intensamente…

De lo único que me arrepentiría es no haber hecho algo que en ese momento deseé hacer y por miedosa no hice, por pendeja o cobarde, eso ya no importa, lo que he hecho hoy lo volvería a hacer una y otra vez con tal de ser la misma charraluda y loca que está escribiendo estas majaderías.  

lunes, 11 de junio de 2012

Por ser más que un amigo


  Por pedirme que moviera la silla aquel primer día de clases hace siete años. Por quedarme viendo de esa manera tan simpática y caerme bien. Por hacerme saber que sos un tarado completo. Por reírnos de los maestros y los compañeros del colegio. Por creernos más bellos que los demás (negros y gordos, pero siempre bellos).
   Por hacerme escuchar música de Avril Lavigne y cantar “Girlfriend” y “My happy ending” a todo volumen en tu carro. Por robarme mi celular y cambiarle todas las piezas por otras más feas. Por soportar mis insultos y mis golpes. Por todas las tardes que pasamos tirados en el corredor de mi casa, hablando siempre de lo mismo.
   Por confesarme que te gustaba esa persona. Por hacerme confesar mis secretos más íntimos. Por hacerte confesar tus secretos también. Por considerarte mucha cosa para muchas mujeres (la mayoría sluts). Por llevarme a la casa las rosas y los regalos que me mandaba otro y hacerle creer a la gente que eran de tu parte para que dijeran: que caballeroso ese muchacho, (tarado completo).
Por caerle bien a mis hermanos, a mi madre y a toda mi familia. Por tener amigos en común. Por salir de parranda hasta tarde. Por bailar más o menos bien, por manosearme en la calle para que crean que soy tu mujer (ya supéralo, please).
   Por llevarme ese día a tu Universidad. Por ser cómplice en mis mentiras, por pedirme consejos para armar las historias que le inventabas a tu papá para poder salir. Por advertirme lo que yo siempre te advertía: “El que se enamora pierde”.  Por no me juzgarme cuando te cuento mis pecados. Por sentirme que puedo decirte lo que no me atrevo a decirme a mí misma.
    Por ser la número uno para vos. Por ser el número uno para mí.
   Por dormir en mi cama y después dejar un hoyo en el medio por ese peso de elefante. Por comerme toda la comida. Por llevarme a restaurantes y salir corriendo para no pagar (debería darte vergüenza), por tirarme de aquella moto y dejarme la mejor cicatriz en mi pierna izquierda, (mi venganza sigue en pie), por dejarme una herida o un morado cada vez que nos peleamos.
Por enseñarme que los panqueques también saben rico con “yerbabuena”. Por creerte bello y artista y que las verdades cuando te digo cerdo triquinoso no te duela, (siempre admiraré esa autoestima).

Por mentir, inventar viajes y retiros para pasar fines de semana juntos. Por sentir tristeza por aquellos que no conocen ni saben apreciar una amistad sincera.
    Por las veces que nos peleamos por nuestras relaciones. Por ese enojo inexplicable que me dio cuando ella te hizo sufrir. Por todos los consejos que te di y que nunca tomaste en cuenta... hasta después comprendiste. Por demostrarme que yo cometí los mismos (o peores) errores con él.
Por aquel día en el que me llamaste llorando como un niño, contándome tus problemas existenciales. Por escuchar mis lamentos y porque nunca te cansas de consolarme. Por entenderme como nadie lo ha hecho…

Por hacerme ir a una iglesia que no es la mía y aun así pasarla bien, todo se trata de vivir aventuras.
Por molestarte mientras estás manejando, pellizcarte la panza y decirte: ¿no te da asco ser vos mismo?
   Por tirarme completito el pastel de cumpleaños en la cara y revolcármelo por todo el pelo. Por romper tu palabra de no volverme a hablar cuando te enojaste conmigo aquella vez. Por inventar un pretexto para llamarme (jajaja). Por hacerme saber que sin mí no podrías vivir, ¡ridículo!  
Por hacer creer a la gente que somos novios y después reírnos de ellos. Por irme a comprar a la farmacia lo que a mí me daba pena. Por no tener ese gusto por el alcohol y decir NO cuando te ofrecen (ojalá fuese como vos), por las personas que dicen que sos drogadicto, pero no saben que sos un tonto natural.
    Por estar siempre ahí, a mi lado. Por ser el mismo conmigo aun cuando conoces todos mis defectos. Por ser tan feo y gordolfo. Por ser mi perruncho irremplazable. Por llorar conmigo. Por ser tan cursi y tan sínico al mismo tiempo. Por no tirarte pedos delante de mí.
   Por tener mil fotos de los dos. Por tener la misma edad que yo aunque aparentas ser un viejo de 40. Por hablarme todos los días aunque sea solo para insultarme. Porque sé que no podés vivir sin mí, andrajoso.      Por ser parte del mejor capítulo de mi vida. Por ser esa sonrisa, ese regaño, esa mirada, esa palabra que necesito para recordar lo que soy y lo que quiero. Por enseñarme el valor de la amistad. Por extrañar a nuestros padres que se fueron de este mundo...
   Por saber que jamás dejaremos de querernos pase lo que pase. Porque te amo mucho, porque me siento agradecida con Dios porque existís, porque ya sos parte de mi familia... por que más que un amigo sos mi gran hermano....

lunes, 28 de mayo de 2012

Cuando pierdes a alguien que amas.


  Cuesta asimilar la noticia. No importa si era cuestión de tiempo o algo que todos esperaban. Esa persona que tanto quieres se ha ido, no está y te cuesta aceptarlo.

  Es un dolor indescriptible. Lo sientes en el pecho, como un golpe real, un dolor que va más allá del cuerpo. Es como un mal sueño pero es imposible despertar.

  Todo mundo te mira, son ojos llenos de lástima y se compadecen de tu dolor pero ellos jamás entenderían  cuánto te duele. Ellos te abrazan, te dicen palabras que en ese momento no sirven. Ya nada importa, esa persona que tanto amas se fue de aquí, ha muerto y no regresará jamás…

  Porque todos hemos pasado por una situación igual en algún momento de nuestras vidas. Es inevitablemente horroroso perder a un padre, una madre, un hijo, nuestros queridos abuelos, hermanos, primos, amigos… la sangre duele y cuando uno pierde lo que ama es simplemente un hecho desgarrador.

  Solo el que ha pasado por algo así sabe de sufrimiento. Unos viven el luto a su manera, pero el dolor es el mismo. Ese sentimiento de vacío, de soledad, de miedo permanece ahí por el resto de la vida.
  
  No es igual que perder un amor, o peor, que te abandone. Duele, claro. Pero cuando hay vida, se puede hacer lo impensable, hoy estás con alguien, mañana, estás con alguien más. Pero es distinto cuando te quitan a alguien por arrebato, cuando le quitan la vida como si fuese poco valiosa, como si fuese una hormiga sin valor alguno… el dolor es más profundo.

  Si fue Dios o fue el hombre, el golpe es igual. El resentimiento que aparece de la nada. El cuestionamiento a Dios o al Diablo. La incertidumbre de saber a dónde se ha ido. Si estará bien, si sabrá que estoy sufriendo y llorando como un pajarito abandonado.
No creo que haya una prueba más difícil en la vida.

  Cuando perdí a mi papá no solo perdí su brazo protector, perdí a un amigo, mi techo en los tiempos de lluvia, las palabras precisas cuando tenía un problema. Desde que ya no está algo de mí tampoco está… se fue con él.

Las personas me preguntan si ya lo superé. Si ya no me duele tanto. Pero mi respuesta siempre es la misma: esa herida jamás se cierra.

  Creen que si alguien sonríe es feliz, si alguien llora es porque sufre y si alguien es jactancioso es porque no le falta nada pero no es verdad. A veces uno pone escudos y mecanismo de defensa para no tocar fondo. A veces es necesario inventarse la felicidad para no sentirse miserable.

  ¿Y qué es lo que queda? ¿Cómo vivir sin esa persona? ¿Cómo intentar ser feliz a pesar del luto? Esas respuestas solo el tiempo y la vida misma te lo enseñan. Pues el mundo no se detiene por nada ni por nadie. Aunque suene trillado: la vida sigue. Es una lucha constante y es un error creer que uno nació para sufrir y después morir, esto se trata de luchar día a día y por hacer que valga la pena cada segundo.

  Cada vez que tengo un sueño bonito, cuando veo un paisaje de mi pueblo, una buena película, un halago y una sonrisa cómplice me acuerdo de mi padre e inmediatamente él viene a mí. Cuando alguien me dice: te pareces cada día más a él. Me lleno de una extraña paz, y me siento feliz por ese instante.

   Y al final de mi vida, creo que nunca terminaré de comprender a la muerte, y las injusticias que vivo a diario en mí y en otras personas, ¿por qué se tiene que morir la gente buena? ¿Será que la muerte si es más bonita que la vida?
  
Pero siempre en la oscuridad habrá una pequeña luz, en todos los males existirá una pequeña pizca de bondad. Y esa luz es la ferviente certeza que algún día todo nos encontramos otra vez. Como el ave que vuelve a su nido. Encontramos el mismo camino, al mismo punto del cual partimos un día.
  
  Esa es mi tranquilidad y lo que me permite seguir en pie. La seguridad que allá arriba hay un ser supremo al que le han inventado mil nombres y mil funciones, al que le achacan culpas y virtudes que quizás no son del todo ciertas, pero es Él el escritor de nuestras vidas, el que decide lo que termina y lo que empieza en nuestro libro y a decir verdad, no creo que la muerte sea el final de todo…

  Lo que queda no es esperar entonces a que Dios o los demás decidan por nosotros sino tomar las riendas y tener claro que solo nosotros sabemos lo que tortura perder a un ser querido pero tampoco se acaba el mundo, es la salida más fácil tirarse a llorar todo el día en una cama y maldecir nuestra existencia, lo que realmente te hace hombre o mujer de verdad es levantarte cada día con la sonrisa que esa persona quisiera que tuvieses, con las mismas ganas de salir adelante que esa persona tenía, hacer como si todo el tiempo estuviera caminando a tu lado, guiando tu camino, haciendo lo correcto, amándolo como siempre, amando a los que siguen aquí y esperando esa hora tan deseada de volver a ver sus ojos y sentir que todo valió la pena y que la muerte no es el fin, que nacer no es el principio y que nunca se deja de intentar.
  
Dejar a un lado los romanticismo y dejar de creer un poco en lo que dicen las religiones, los ateos, las brujas y los moros; hacerle un poquito más de caso a nuestra conciencia, el centro de nuestra alma, y ahí en ese lugar habita la respuesta que todos queremos, la verdad absoluta, porque si un Dios nos creó debe estar en nosotros y en cada cosa que el creó, cuáles palacio repletos de oro o viejas que gritan coritos como si así lavaran sus culpas. 
  
  Dios es mucho más sencillo de lo que imaginamos y tan complejo que aún no lo hemos identificado a su totalidad. pero no hay que ser científico y psíquico para estar segura que volveré a ver a mi padre, que ustedes volverán a ver a sus seres queridos, solo es cuestión de tener dos cosas bien resguardadas: el amor que jamás se acaba y la fe que aunque es frágil es más poderosa que cualquier otra cosa.


domingo, 13 de mayo de 2012

Es lo que pasa.



Ahora tengo más responsabilidades que antes pero me levanto un poco más tarde. Ya no me desvelo en las noches. Ahora nadie me llama en la madrugada. Por una parte estoy aliviada por otra parte abrumada…

No voy a ninguna Iglesia ni soy religiosa. Creo en Dios e intento creerle a Dios. Me siento un poco más vieja pero no más madura. Ahora veo menos televisión y voy más seguido al cine.

 No me acuerdo la última vez que me comí una hamburguesa, pero me he vuelto adicta a las baleadas. Todos los lunes intento hacer ejercicio pero el martes la pereza y el cansancio le hacen complot a mis ganas de tener un cuerpo firme, prefiero dormir.

Ahora tengo un deseo casi patológico por graduarme, salir por fin de la Universidad y no verles la cara a algunas compañeras amargadas (no son Uds. amigas). O quizás soy yo la amargada. Ahora son mis cambios de humor y mi preocupación. Mis ganas de parrandear y mis ganas de estar sin gente.

Sigo igual de despistada. Pero ya no se me olvida desayunar por nada del mundo. Por una u otra razón siento que ahora como bastante y no engordo. He dejado el hábito de la lectura, muy mal, muy mal… pero siento que no me ajusta el tiempo. Prefiero escuchar música. 

También he dejado de escribir como antes, después lo poco que escribo, me siento tentada a publicarlo en mi blog y alguien por ahí me hala las orejas por ser tan explícita, pero a decir verdad I don’t give a fuck, con todo respeto lo que digan los moralistas.

Estoy en una revista que jamás imaginé estar. Escribo artículos financieros y para mi sorpresa no es desagradable, Todo es cuestión de acostumbrarse.

A veces me da por llorar, luego algo me distrae y se me olvida. Al rato me acuerdo y me siento mal pero busco la forma de volver a distraerme…

Ahora trato de moderar más mi lenguaje. Intento no decir malas palabras pero a veces es imposible. Ahora más que nunca odio tener que maquillarme, aunque luzca más fea al natural pero realmente odio tener que untarle rímel a las pestañas a diario.

Cuando me acuerdo extraño mucho a mi papá, digo “cuando me acuerdo” porque evito pensar en él, así duele menos su ausencia. Siento que cada vez me parezco más a él y más cuando me descubro haciendo algún gesto suyo en el espejo.

Cada vez me doy cuenta lo rara que es la vida, lo cabrona e hija de puta que es a veces. Hoy amanecí pensando que quizás pasé debajo de una escalera o me encontré con un gato negro por eso de la mala suerte, más tarde cuando veo a toda mi familia junta me doy cuenta lo bendecida que soy y siento que no merezco lo que tengo por ser tan pendeja en ocasiones.

Cuando estoy en mi cama y en mi lista de reproducción aparece una canción de amor, enseguida la cambio y pongo esas de despecho que canta Chavela Vargas al rato me siento peor o me quedo dormida.

He aprendido a vivir en el ambiente hostil y absurdo de los chismes. Soy más comprensiva con las personas que no me quieren. Y soy más receptiva con las que si me quieren. Ahora me dejo consentir más sin tener que ser coqueta. Y soy más amable sin tener que ser más hipócrita de la cuenta.

Ahora escucho más los piropos, aunque sean redadas de buitres, aunque algunos sean mentira...

He descubierto que las cervezas dejan una pancita similar a una panza de embarazada de tres meses. Creo que regresaré al vodka.

Hay mucha tensión entre mi mejor amiga y yo. Creo que ya nada será como antes. Es la ley de la vida. Le deseo lo mejor.

Quiero ir al mar otra vez. Quiero intoxicarme por comer mariscos. Quiero emborracharme en la playa. Quiero escribir TE AMO en la arena y escribir su nombre.

Me da por conocer más gente y si ando de buenas disfruto de una buena plática con algún viejo amor.

Hay personas que se han alejado, otras que se han acercado. Unas se fueron por su gusto, otras porque las corrí y otras porque las deje ir…

He visto la luna más hermosa que jamás hayan visto mis ojos y no sé si se vale pero pedí un deseo, el mismo deseo de siempre.

Hoy cayó una tormenta de esas que se disfrutan verlas, sentirlas y escucharlas. Siento que me dará amigdalitis otra vez.

Me está saliendo la última muela del juicio y a veces se me dificulta comer algo crujiente. ¿Para qué sirven esas muelas si no es para jodernos la vida?

Cada vez peleo menos con mi mamá, otra señal que estoy envejeciendo o quizás ella se está resignando a mi tosco carácter.

A veces me torturan los recuerdos y lo llamo por su nombre. Otras veces se me olvida lo que me hizo pero la gente mis amigos y mi propia conciencia me recuerda que lo que pasó fue lo mejor.

El pelo se me cae menos. Pero en días de mucho estrés parezco perra siberiano dejando mechones por todos lados.

Ahora ya no me preocupo tanto a fin de mes. Ahora paso relativamente más tranquila. Pero de alguna manera u otra extraño la guerra y la acción.

Aunque esté incorrecto prefiero pensar más en el futuro para no aferrarme al pasado. No pienso mucho en el presente pues lo estoy viviendo.

A veces pienso en el poeta, a veces pienso en el profesor. A veces pienso en el diablo. A veces pienso en el príncipe azul que no he conocido aún.

Es lo que hay, es lo que pasa. No se puede volver atrás y el que lo intenta se friega. En la vida la opción de retroceso está nula. La cuestión es avanzar y darle para adelante. El secreto es vivir “jodidos pero contentos” el asunto es vivir mientras venga algo mejor.