lunes, 11 de junio de 2012

Por ser más que un amigo


  Por pedirme que moviera la silla aquel primer día de clases hace siete años. Por quedarme viendo de esa manera tan simpática y caerme bien. Por hacerme saber que sos un tarado completo. Por reírnos de los maestros y los compañeros del colegio. Por creernos más bellos que los demás (negros y gordos, pero siempre bellos).
   Por hacerme escuchar música de Avril Lavigne y cantar “Girlfriend” y “My happy ending” a todo volumen en tu carro. Por robarme mi celular y cambiarle todas las piezas por otras más feas. Por soportar mis insultos y mis golpes. Por todas las tardes que pasamos tirados en el corredor de mi casa, hablando siempre de lo mismo.
   Por confesarme que te gustaba esa persona. Por hacerme confesar mis secretos más íntimos. Por hacerte confesar tus secretos también. Por considerarte mucha cosa para muchas mujeres (la mayoría sluts). Por llevarme a la casa las rosas y los regalos que me mandaba otro y hacerle creer a la gente que eran de tu parte para que dijeran: que caballeroso ese muchacho, (tarado completo).
Por caerle bien a mis hermanos, a mi madre y a toda mi familia. Por tener amigos en común. Por salir de parranda hasta tarde. Por bailar más o menos bien, por manosearme en la calle para que crean que soy tu mujer (ya supéralo, please).
   Por llevarme ese día a tu Universidad. Por ser cómplice en mis mentiras, por pedirme consejos para armar las historias que le inventabas a tu papá para poder salir. Por advertirme lo que yo siempre te advertía: “El que se enamora pierde”.  Por no me juzgarme cuando te cuento mis pecados. Por sentirme que puedo decirte lo que no me atrevo a decirme a mí misma.
    Por ser la número uno para vos. Por ser el número uno para mí.
   Por dormir en mi cama y después dejar un hoyo en el medio por ese peso de elefante. Por comerme toda la comida. Por llevarme a restaurantes y salir corriendo para no pagar (debería darte vergüenza), por tirarme de aquella moto y dejarme la mejor cicatriz en mi pierna izquierda, (mi venganza sigue en pie), por dejarme una herida o un morado cada vez que nos peleamos.
Por enseñarme que los panqueques también saben rico con “yerbabuena”. Por creerte bello y artista y que las verdades cuando te digo cerdo triquinoso no te duela, (siempre admiraré esa autoestima).

Por mentir, inventar viajes y retiros para pasar fines de semana juntos. Por sentir tristeza por aquellos que no conocen ni saben apreciar una amistad sincera.
    Por las veces que nos peleamos por nuestras relaciones. Por ese enojo inexplicable que me dio cuando ella te hizo sufrir. Por todos los consejos que te di y que nunca tomaste en cuenta... hasta después comprendiste. Por demostrarme que yo cometí los mismos (o peores) errores con él.
Por aquel día en el que me llamaste llorando como un niño, contándome tus problemas existenciales. Por escuchar mis lamentos y porque nunca te cansas de consolarme. Por entenderme como nadie lo ha hecho…

Por hacerme ir a una iglesia que no es la mía y aun así pasarla bien, todo se trata de vivir aventuras.
Por molestarte mientras estás manejando, pellizcarte la panza y decirte: ¿no te da asco ser vos mismo?
   Por tirarme completito el pastel de cumpleaños en la cara y revolcármelo por todo el pelo. Por romper tu palabra de no volverme a hablar cuando te enojaste conmigo aquella vez. Por inventar un pretexto para llamarme (jajaja). Por hacerme saber que sin mí no podrías vivir, ¡ridículo!  
Por hacer creer a la gente que somos novios y después reírnos de ellos. Por irme a comprar a la farmacia lo que a mí me daba pena. Por no tener ese gusto por el alcohol y decir NO cuando te ofrecen (ojalá fuese como vos), por las personas que dicen que sos drogadicto, pero no saben que sos un tonto natural.
    Por estar siempre ahí, a mi lado. Por ser el mismo conmigo aun cuando conoces todos mis defectos. Por ser tan feo y gordolfo. Por ser mi perruncho irremplazable. Por llorar conmigo. Por ser tan cursi y tan sínico al mismo tiempo. Por no tirarte pedos delante de mí.
   Por tener mil fotos de los dos. Por tener la misma edad que yo aunque aparentas ser un viejo de 40. Por hablarme todos los días aunque sea solo para insultarme. Porque sé que no podés vivir sin mí, andrajoso.      Por ser parte del mejor capítulo de mi vida. Por ser esa sonrisa, ese regaño, esa mirada, esa palabra que necesito para recordar lo que soy y lo que quiero. Por enseñarme el valor de la amistad. Por extrañar a nuestros padres que se fueron de este mundo...
   Por saber que jamás dejaremos de querernos pase lo que pase. Porque te amo mucho, porque me siento agradecida con Dios porque existís, porque ya sos parte de mi familia... por que más que un amigo sos mi gran hermano....

lunes, 28 de mayo de 2012

Cuando pierdes a alguien que amas.


  Cuesta asimilar la noticia. No importa si era cuestión de tiempo o algo que todos esperaban. Esa persona que tanto quieres se ha ido, no está y te cuesta aceptarlo.

  Es un dolor indescriptible. Lo sientes en el pecho, como un golpe real, un dolor que va más allá del cuerpo. Es como un mal sueño pero es imposible despertar.

  Todo mundo te mira, son ojos llenos de lástima y se compadecen de tu dolor pero ellos jamás entenderían  cuánto te duele. Ellos te abrazan, te dicen palabras que en ese momento no sirven. Ya nada importa, esa persona que tanto amas se fue de aquí, ha muerto y no regresará jamás…

  Porque todos hemos pasado por una situación igual en algún momento de nuestras vidas. Es inevitablemente horroroso perder a un padre, una madre, un hijo, nuestros queridos abuelos, hermanos, primos, amigos… la sangre duele y cuando uno pierde lo que ama es simplemente un hecho desgarrador.

  Solo el que ha pasado por algo así sabe de sufrimiento. Unos viven el luto a su manera, pero el dolor es el mismo. Ese sentimiento de vacío, de soledad, de miedo permanece ahí por el resto de la vida.
  
  No es igual que perder un amor, o peor, que te abandone. Duele, claro. Pero cuando hay vida, se puede hacer lo impensable, hoy estás con alguien, mañana, estás con alguien más. Pero es distinto cuando te quitan a alguien por arrebato, cuando le quitan la vida como si fuese poco valiosa, como si fuese una hormiga sin valor alguno… el dolor es más profundo.

  Si fue Dios o fue el hombre, el golpe es igual. El resentimiento que aparece de la nada. El cuestionamiento a Dios o al Diablo. La incertidumbre de saber a dónde se ha ido. Si estará bien, si sabrá que estoy sufriendo y llorando como un pajarito abandonado.
No creo que haya una prueba más difícil en la vida.

  Cuando perdí a mi papá no solo perdí su brazo protector, perdí a un amigo, mi techo en los tiempos de lluvia, las palabras precisas cuando tenía un problema. Desde que ya no está algo de mí tampoco está… se fue con él.

Las personas me preguntan si ya lo superé. Si ya no me duele tanto. Pero mi respuesta siempre es la misma: esa herida jamás se cierra.

  Creen que si alguien sonríe es feliz, si alguien llora es porque sufre y si alguien es jactancioso es porque no le falta nada pero no es verdad. A veces uno pone escudos y mecanismo de defensa para no tocar fondo. A veces es necesario inventarse la felicidad para no sentirse miserable.

  ¿Y qué es lo que queda? ¿Cómo vivir sin esa persona? ¿Cómo intentar ser feliz a pesar del luto? Esas respuestas solo el tiempo y la vida misma te lo enseñan. Pues el mundo no se detiene por nada ni por nadie. Aunque suene trillado: la vida sigue. Es una lucha constante y es un error creer que uno nació para sufrir y después morir, esto se trata de luchar día a día y por hacer que valga la pena cada segundo.

  Cada vez que tengo un sueño bonito, cuando veo un paisaje de mi pueblo, una buena película, un halago y una sonrisa cómplice me acuerdo de mi padre e inmediatamente él viene a mí. Cuando alguien me dice: te pareces cada día más a él. Me lleno de una extraña paz, y me siento feliz por ese instante.

   Y al final de mi vida, creo que nunca terminaré de comprender a la muerte, y las injusticias que vivo a diario en mí y en otras personas, ¿por qué se tiene que morir la gente buena? ¿Será que la muerte si es más bonita que la vida?
  
Pero siempre en la oscuridad habrá una pequeña luz, en todos los males existirá una pequeña pizca de bondad. Y esa luz es la ferviente certeza que algún día todo nos encontramos otra vez. Como el ave que vuelve a su nido. Encontramos el mismo camino, al mismo punto del cual partimos un día.
  
  Esa es mi tranquilidad y lo que me permite seguir en pie. La seguridad que allá arriba hay un ser supremo al que le han inventado mil nombres y mil funciones, al que le achacan culpas y virtudes que quizás no son del todo ciertas, pero es Él el escritor de nuestras vidas, el que decide lo que termina y lo que empieza en nuestro libro y a decir verdad, no creo que la muerte sea el final de todo…

  Lo que queda no es esperar entonces a que Dios o los demás decidan por nosotros sino tomar las riendas y tener claro que solo nosotros sabemos lo que tortura perder a un ser querido pero tampoco se acaba el mundo, es la salida más fácil tirarse a llorar todo el día en una cama y maldecir nuestra existencia, lo que realmente te hace hombre o mujer de verdad es levantarte cada día con la sonrisa que esa persona quisiera que tuvieses, con las mismas ganas de salir adelante que esa persona tenía, hacer como si todo el tiempo estuviera caminando a tu lado, guiando tu camino, haciendo lo correcto, amándolo como siempre, amando a los que siguen aquí y esperando esa hora tan deseada de volver a ver sus ojos y sentir que todo valió la pena y que la muerte no es el fin, que nacer no es el principio y que nunca se deja de intentar.
  
Dejar a un lado los romanticismo y dejar de creer un poco en lo que dicen las religiones, los ateos, las brujas y los moros; hacerle un poquito más de caso a nuestra conciencia, el centro de nuestra alma, y ahí en ese lugar habita la respuesta que todos queremos, la verdad absoluta, porque si un Dios nos creó debe estar en nosotros y en cada cosa que el creó, cuáles palacio repletos de oro o viejas que gritan coritos como si así lavaran sus culpas. 
  
  Dios es mucho más sencillo de lo que imaginamos y tan complejo que aún no lo hemos identificado a su totalidad. pero no hay que ser científico y psíquico para estar segura que volveré a ver a mi padre, que ustedes volverán a ver a sus seres queridos, solo es cuestión de tener dos cosas bien resguardadas: el amor que jamás se acaba y la fe que aunque es frágil es más poderosa que cualquier otra cosa.


domingo, 13 de mayo de 2012

Es lo que pasa.



Ahora tengo más responsabilidades que antes pero me levanto un poco más tarde. Ya no me desvelo en las noches. Ahora nadie me llama en la madrugada. Por una parte estoy aliviada por otra parte abrumada…

No voy a ninguna Iglesia ni soy religiosa. Creo en Dios e intento creerle a Dios. Me siento un poco más vieja pero no más madura. Ahora veo menos televisión y voy más seguido al cine.

 No me acuerdo la última vez que me comí una hamburguesa, pero me he vuelto adicta a las baleadas. Todos los lunes intento hacer ejercicio pero el martes la pereza y el cansancio le hacen complot a mis ganas de tener un cuerpo firme, prefiero dormir.

Ahora tengo un deseo casi patológico por graduarme, salir por fin de la Universidad y no verles la cara a algunas compañeras amargadas (no son Uds. amigas). O quizás soy yo la amargada. Ahora son mis cambios de humor y mi preocupación. Mis ganas de parrandear y mis ganas de estar sin gente.

Sigo igual de despistada. Pero ya no se me olvida desayunar por nada del mundo. Por una u otra razón siento que ahora como bastante y no engordo. He dejado el hábito de la lectura, muy mal, muy mal… pero siento que no me ajusta el tiempo. Prefiero escuchar música. 

También he dejado de escribir como antes, después lo poco que escribo, me siento tentada a publicarlo en mi blog y alguien por ahí me hala las orejas por ser tan explícita, pero a decir verdad I don’t give a fuck, con todo respeto lo que digan los moralistas.

Estoy en una revista que jamás imaginé estar. Escribo artículos financieros y para mi sorpresa no es desagradable, Todo es cuestión de acostumbrarse.

A veces me da por llorar, luego algo me distrae y se me olvida. Al rato me acuerdo y me siento mal pero busco la forma de volver a distraerme…

Ahora trato de moderar más mi lenguaje. Intento no decir malas palabras pero a veces es imposible. Ahora más que nunca odio tener que maquillarme, aunque luzca más fea al natural pero realmente odio tener que untarle rímel a las pestañas a diario.

Cuando me acuerdo extraño mucho a mi papá, digo “cuando me acuerdo” porque evito pensar en él, así duele menos su ausencia. Siento que cada vez me parezco más a él y más cuando me descubro haciendo algún gesto suyo en el espejo.

Cada vez me doy cuenta lo rara que es la vida, lo cabrona e hija de puta que es a veces. Hoy amanecí pensando que quizás pasé debajo de una escalera o me encontré con un gato negro por eso de la mala suerte, más tarde cuando veo a toda mi familia junta me doy cuenta lo bendecida que soy y siento que no merezco lo que tengo por ser tan pendeja en ocasiones.

Cuando estoy en mi cama y en mi lista de reproducción aparece una canción de amor, enseguida la cambio y pongo esas de despecho que canta Chavela Vargas al rato me siento peor o me quedo dormida.

He aprendido a vivir en el ambiente hostil y absurdo de los chismes. Soy más comprensiva con las personas que no me quieren. Y soy más receptiva con las que si me quieren. Ahora me dejo consentir más sin tener que ser coqueta. Y soy más amable sin tener que ser más hipócrita de la cuenta.

Ahora escucho más los piropos, aunque sean redadas de buitres, aunque algunos sean mentira...

He descubierto que las cervezas dejan una pancita similar a una panza de embarazada de tres meses. Creo que regresaré al vodka.

Hay mucha tensión entre mi mejor amiga y yo. Creo que ya nada será como antes. Es la ley de la vida. Le deseo lo mejor.

Quiero ir al mar otra vez. Quiero intoxicarme por comer mariscos. Quiero emborracharme en la playa. Quiero escribir TE AMO en la arena y escribir su nombre.

Me da por conocer más gente y si ando de buenas disfruto de una buena plática con algún viejo amor.

Hay personas que se han alejado, otras que se han acercado. Unas se fueron por su gusto, otras porque las corrí y otras porque las deje ir…

He visto la luna más hermosa que jamás hayan visto mis ojos y no sé si se vale pero pedí un deseo, el mismo deseo de siempre.

Hoy cayó una tormenta de esas que se disfrutan verlas, sentirlas y escucharlas. Siento que me dará amigdalitis otra vez.

Me está saliendo la última muela del juicio y a veces se me dificulta comer algo crujiente. ¿Para qué sirven esas muelas si no es para jodernos la vida?

Cada vez peleo menos con mi mamá, otra señal que estoy envejeciendo o quizás ella se está resignando a mi tosco carácter.

A veces me torturan los recuerdos y lo llamo por su nombre. Otras veces se me olvida lo que me hizo pero la gente mis amigos y mi propia conciencia me recuerda que lo que pasó fue lo mejor.

El pelo se me cae menos. Pero en días de mucho estrés parezco perra siberiano dejando mechones por todos lados.

Ahora ya no me preocupo tanto a fin de mes. Ahora paso relativamente más tranquila. Pero de alguna manera u otra extraño la guerra y la acción.

Aunque esté incorrecto prefiero pensar más en el futuro para no aferrarme al pasado. No pienso mucho en el presente pues lo estoy viviendo.

A veces pienso en el poeta, a veces pienso en el profesor. A veces pienso en el diablo. A veces pienso en el príncipe azul que no he conocido aún.

Es lo que hay, es lo que pasa. No se puede volver atrás y el que lo intenta se friega. En la vida la opción de retroceso está nula. La cuestión es avanzar y darle para adelante. El secreto es vivir “jodidos pero contentos” el asunto es vivir mientras venga algo mejor.


miércoles, 25 de abril de 2012

¡Cuidado con esa CHURNIA!




Hay mujeres que se enamoran de una sonrisa bonita, de un cuerpo atlético, brazos y piernas de roca, de unos ojos grandes y coquetos, otras cuantas se enamoran de la palabrería, de los cuentos de amor, de Bella y Edward Cullen y toda la trilogía horrible de Crepúsculo. También hay mujeres (muy pocas) que se enamoran de los buenos tratos por parte de un hombre, de los detalles, de la sinceridad que mucho exigimos y poco valoramos.

Pero no hay que olvidar a otras “especiales” mujeres que nunca creyeron en blanca nieves ni el amor verdadero, se trata de esas mujeres que jamás soñaron con Ken el novio de Barbie sino con todo lo que tenía la muñeca de piernas largas, joyas, ropa, carro deportivo, la casa de sus sueños, en fin son esas que la palabra “amor” está camuflada en su cerebro por “dinero”.

Si todavía no estamos muy claros con respecto a estas mujeres a las cuales les escriben hasta novelas, guiones de cine y todo el mundo las adora no sé realmente por qué, pero en fin supongamos que hay una tipa, que está muy guapa (por lo general son bonitas las desgraciadas), siempre soñó en grande, pero no está dispuesta esforzarse de más trabajando como lo hacen los “tontos”, no, ella quiere lucrarse a costillas de los demás… he aquí el pequeñísimo detalle.

No encuentro nada de malo que una mujer sepa lo que quiere y sea ambiciosa en la vida, creo que es un derecho que cada quien tiene y es muy admirable quienes lo logran y mucho más cuando han empezado de cero y vienen de abajo, utilizando muy bien la inteligencia con el conocimiento que te da la vida y la academia, cada vez hay más oportunidades para crecer, aunque no sea nada fácil lograrlo.

Ahora mi problema no es con las mujeres luchadoras, sino con esas trepadoras que se especializan en exprimirles la cartera a los hombres (a los que se dejan), sin importarles poco si les atrae, mucho menos si sienten cariño, la mayor razón para seducirlo será su carrazo del año, su mansión de lujo, el gran crédito en sus tarjetas, las miles de millas por viajar a Europa entre otras cosas que cualquiera soñaría y que sola esas arpías muy bien dotadas pueden conseguir de gratis siempre y cuando haya un pendejo dispuesto a dejarse engañar.

Pero sin irnos a las nubes y a los extremos, también están esas rameras en potencia, y no me refiero a las prostitutas que venden su cuerpo, si bien es cierto es una actividad algo parecida, al menos las trabajadoras comerciales del sexo lo hacen para sobrevivir, en cambio a las que me refiero yo, si lo hacen para obtener un beneficio económico pero consiguiéndolo a través del engaño, por medio de sus encantos y sus tácticas de típica churnia.

No pretendía ser grosera pero realmente es algo que me indigna, mucho más ver a un hombre ya casado y embobado por otra mujer que no es su esposa y lo que él cree es un milagro del cielo porque una mujer de medidas ideales se fijó en él, no será más que el camino más perfecto hacia su desgracia, desatendiendo a su familia por complacer los gustos de una desconocida que quizás ni siquiera le ama… Es en este tipo de situaciones en los que uno insulta la muy cuestionada inteligencia de los hombres, se dejan impresionar por un buen culo, descuidan las cosas importantes de la vida y no me refiero tanto al dinero.

Tampoco me quiero adentrar en ese complejo mundo de las relaciones interpersonales, los amantes, los esposos, los novios, no es preciso generalizar en un mundo donde hay de todo y ya no se sabe lo que es bueno o es malo, es más, creo que es muy válido (aunque en el fondo cause lástima) ver a un pendejo darle todo a una mujer (y cuando digo todo me refiero a todo) con tal de no apartarla de su lado y tener a alguien con quien compartir la soledad de los domingos, es una alegría de cartón, es el gran chiste que nos cuenta 
Hollywood, que el dinero compra el amor y la felicidad.

Es bonito cuando un hombre se esmera con una mujer, demostrándole interés, invitándola a comer, hacerle regalos bonitos, llevarla a pasear de vez en cuando, pero de esto en mantener a una mujer es muy distinto, con esto no me refiero a las amas de casa que no trabajan en una oficina pero trabajan más que cualquier hombre lidiando con los hijos y la terrible rutina de una casa, me refiero a que las mujeres somos mucho más competentes y astutas que un hombre, y no por eso hay que usarlo en su contra, al contrario, creo que no hay nada más respetable que una mujer que logra fortuna a través de su esfuerzo y dedicación. 

No hay cosa más admirable que ver a una mujer que no precisa de un hombre para tener todo lo que siempre soñó en cuanto a lo material y que nadie la señale porque se lo ha ganada sin el sudor de su frente.

Y es que me doy cuenta de algo muy triste que pasa con algunos amigos del género masculino, cuando tienen más poder económico que una mujer creen que pueden hacer literalmente lo que sea… tener diez mujeres si las cuentas en el banco lo permiten… esto solo denota una cosa: lástima hacia ese tipo que cree que con el dinero puede conseguir mujeres… si no está de más decir que a una buena mujer, de esas que son de verdad, no se les conquista con cualquier cosa menos el dinero, esa labor se las dejamos a las churnias finas.

Yo conozco a varias que deambulan por ahí, no son las del Obelisco ni sus colegas del Honduras Maya, son esas mujeres idiotas que dejan a un lado al que quizás sea el amor de su vida por otro hombre que le puede dar un “futuro mejor” sin tomar en cuenta que encontrar un buen amor es como ganarse la lotería aunque vivas en una choza.

Entonces, mi recomendación para los hombres, que no sean tan pendejos y pido disculpas por decir tanto esa palabra, pero no encuentro otra mejor; NO SEAN P…. TONTOS! Fíjense más en la capacidad de amar de una mujer y no en sus virtudes físicas, eso es efímero, el cerebro es la parte más atractiva de cualquier ser humano y MUJERES no nos menospreciemos al creer que solo siendo bonitas un hombre se fijará en nosotras y peor aún, creer que podemos aprovecharnos de eso para obtener cosas materiales.

Aun sabiendo que el amor se paga con dolor, creo que es y será la razón más importante en cada persona para hacer cualquier locura, el dinero claro que es indispensable para vivir pero no es la felicidad enterna, si así lo fuese, me propondría conquistar a Carlos Slim o a Bill Gates y convertirme en la mujer más feliz de la tierra, pero ya dejando a un lado esa estúpida suposición, me dispongo a que me sigan rompiendo el corazón, tal vez así le pego la Loto, tal vez encuentro al amor de mi vida y me vuelvo una arpía afortunada, pero el amor, el amorshh siempre es y será number one. Soy una churnia del amor…y me siento orgullosa por eso.

domingo, 15 de abril de 2012

LA PRIMERA VEZ



Antes quisiera agradecer de buena manera a los que creyeron que este post hablaría sobre sexo, en efecto lo es. Sin embargo, cabe aclarar que no se trata de una historia personal aunque no tendría pena en admitirlo, pues a veces mi honestidad es más grande que cualquier pudor, pero en este caso, este post es más bien como un amasijo de historias que me han contado, que he visto y otras que me imagino. Todo en una sola... Porque todos habremos de pasar por lo mismo, porque siempre habrá una primera vez que recordar… o que lamentar.

Isabel a sus 17 años se siente lista para perder su virginidad con el que cree es el amor de su vida: Javier, el chico de la universidad, alto, fornido, piel clara y cejudo. Todas se mueren por él. Pero nadie lo mira como ella, nadie lo ama tanto como ella… y es un gran logro que él se haya fijado en ella

Totalmente convencida de su amor, acepta tener sexo con él. Como si fuera cualquier proposición, como ir al cine o ir a pasear. Isabel quiere saber lo que es amar. Quiere “sentirse mujer”.
Decidida y con el cuerpo lleno de calentura y adrenalina, llega a casa y lo primero que hace es llamarle a su amiga más experimentada para pedirle consejos, es Julia, la que todos tachan de puta pero en el fondo, todos admiran también.

-Tenés que depilarte bien, sobre todo “ahí”. No se te olvide oler bien rico para que no hable mal de vos. Ponete un hilo, cuidadito te ponés un calzón de maripositas que le matás la pasión. Ahh y ¿ya sabés lo que tenés que hacer, verdad? – le pregunta Julia

-No sé nada, por eso te estoy pidiendo ayuda… - le responde Isabel.

-Ok, mira porno y aprende bien como se mueven, es casi como perrear solo que sin ropa, y si no sabes bailar ya te jodiste.- le dice Julia riéndose.

No tan convencida de los consejos de su “amiga”, Isabel busca en el Internet pornografía, siente vergüenza consigo misma, no sabe como se hace el sexo pero se imagina que no debe ser tan difícil. Se rinde con el porno y se queda tirada en la cama.

Hundida en sus pensamientos empieza a imaginar a Javier y sus besos, en la primera vez que le tocó sus pechos y cuando quiso ir más al Sur pero su pudor no lo dejó. Pensó en la primera vez que sintió deseo de estar con alguien, en como se lo imaginaba entre sus sábanas, en como descubrió el arte de masturbarse y sentir ese placer inexplicable. Pensó en que ya era hora de ser mujer y de ser igual que sus amigas.

Con aire de euforia y excitación se para de la cama, se desnuda frente al espejo y mira su cuerpo, le gusta lo que ve aunque le acomplejan sus senos pequeños pero no se abruma. Se mete al baño y se dispone a seguir las directrices de la atrevida Julia.

Son las 7:30 de la noche, y Javier está por llegar a su casa. El plan es decirle a papá y mamá que hay una buena película en el cine y no tiene idea de cuánto dura la función. Plan exitoso. Isabel se siente un genio y la peor de las mentirosas pero en esos momentos poco le importa.

Es casi la hora pero su impuntual novio aún no llega. Timbra su celular es un nuevo mensaje y corre a leerlo. No es Javier, es Julia dándole las últimas instrucciones: “No se te olvide la mentita, un protector por si ese salvaje te hace sangrar, porque te tengo noticas amiguis, eso te va a doler hasta el… así que relajada, despacito y suave. Concentrada y pensá en cosas bonitas. Acordate que los hombres son unos salvajes y tu novio no es distinto a los demás o al menos eso me han contado… si ocupas saber algo más me escribís. ¡Suerte! Ah! Otra cosa: NO uses condón, duele más… bye bye.

Isabel entre confundida y consternada no contesta el mensaje pero asume que todo saldrá bien. Afuera suena el motor del carro de Javier, al fin llegó. Es la hora de la verdad.

Al encuentro Javier ataca a Isabel con un beso apasionado, como quien dice, está tanteando el terreno, Isabel responde al beso pero su nerviosismo es evidente, su corazón latiendo a mil por hora y sus manos sudadas fueron la mejor evidencia. Siente miedo y su cabeza de pronto se llena de dudas.

¿Será el indicado? ¿Y si este cabrón cambia conmigo por esto? ¿Y si no le gusta como soy en la cama? ¿Y si me deja de querer mañana? Esas entre otras mil preguntas se hizo Isabel mientras miraba la carretera, se dirigían al motel más cercano. Observaba al pillo de su novio que iba con una sonrisota de payaso de circo, mientras ella pareciera que iba como un chanchito al matadero.

Y el momento por fin llego. Están los dos tirados en la cama aunque con ropa. Javier se entretenía acariciando el cuerpo tembloroso de Isabel, en cada beso intentaba desabrocharle el jean pero ella se resistía un poco: “más despacio” le decía Isabel mientras observaba la mirada lujuriosa de su novio que parecía tan maravillado como un aventurero explorando tierras nuevas.

Y entre un “no quiero” y “me encanta” quedaron los dos desnudos. Isabel no podía evitar sonrojarse pues ningún hombre la había visto desnuda, nadie había tocado antes su sexo. A nadie se había entregado antes con tanto amor.

Por otro lado Javier tenía la mirada extasiada como si estuviera a punto de comerse un manjar. Por un momento los dos parecían fluir al mismo ritmo, la pasión era más fuerte que cualquier pudor, pero Isabel se ponía en alerta cada vez que Javier intentaba abrirle las piernas cual si fuesen un libro.

 -Tengo miedo… -le dice Isabel mientras lo detiene con sus manos.

-¿Miedo por qué? Si yo te amo, no estamos haciendo algo malo. Nada va a cambiar al contrario seremos más felices, sos la mujer de mi vida, con la que quiero estar. –esas y otras falacias le decía Javier con esa dulzura que Isabel adoraba.

Isabel se dejó penetrar. Sintió una gran presión y le pidió a su enamorado que lo hiciese más suave. Pareciera que Javier sabía exactamente lo que tenía que hacer. Isabel sentía todo menos placer. Sentía una especie de ardor y dolor. Pensó en el mensaje de Julia y en la veracidad de su advertencia. Javier disfrutaba como un niño en dulcería, le importaba poco los gestos de dolor de su novia, solo pensaba en él, en su otro yo y en lo bien que la estaban pasando. Hasta que por fin terminó. Isabel sintió un alivio. Se paró de la cama y se metió al baño. Nuevamente corroboró las palabras de su amiga.

En el camino de regreso Javier parecía distante, como transformado, se miraba cansado pero con un aire de triunfador. Mientras que Isabel lo buscaba con la mirada. Se sentía extraña. Ya no se sentía igual.
Al llegar a casa no quiso ver a su mamá a los ojos, temió que descubriera lo que pasaba. Quizás lo descubriría en su forma de caminar o en sus ojos. Que su pequeña hija, la bien cuidadita ya no era más una niña sino toda una mujer... que acaba de perder la virginidad en un motel.

Ese día no pudo dormir, sentía escalofríos, sentía todavía un poco de ardor, un poco confundida y más enamorada. Un tanto emocionada porque por fin les contaría a sus amigas con lujo de detalle como fue su primera vez con el hombre de sus sueños…

Lo que no se imaginó Isabel es que en efecto, Javier no seria ese hombre ideal que la mantendría en el cuento de hadas constante. Quién iba a decir que ese hombre al cual le entregó su inocencia sería también quien la lastimara y le arrebatara también la inocencia más importante: la de confiar ciegamente por amor.

Ahora Isabel es una mujer. Una mujer que ya no cree en príncipes azules, que ya no se entrega tan fácil, es como una flor espinosa que no deja pasar a cualquiera. Una mujer que en el fondo sigue siendo aquella adolescente ingenua pero que ya no ocupa consejos de una promiscua, solo espera a alguien que la haga cambiar de opinión, alguien que le demuestre que hay algo más placentero que el sexo, alguien que le enseñe a hacer el amor.

domingo, 8 de abril de 2012

Síndrome del corazón roto.


Soy yo hace un año, dejándome envolver en sus besos. Olvidando fugazmente al abogado malvado. Soy yo sintiendo el gusto a las cervezas. Saliendo a los bares. Tomada de su mano. Algo mareada y con ganas. Con mi sonrisa, su sonrisa, sus grandes manos, mi pelo desparramado en su pecho. Mis labios mordidos. Las miradas ardientes. Las rancheras. El vodka. Alguien que lloraba a lo lejos.

Era él y sus celos tempranos, era yo con mis vestidos cortos, mis coqueteos, su enojo y mi diversión. Era mi mano en su pierna. Su boca en mi cuello. Era la pasión, los cuerpos sudados, timbre, música, aire. Las llamadas hasta el amanecer. Las mentiras para llegar tarde. Era la lambada. Era la felicidad en boomerang. Somos los dos construyendo recuerdos. 

Fue la noticia. Él está asustado, yo sorprendida. Una nueva vida germina, alguien sigue llorando, esta vez más cerca. Soy yo con los ojos expandidos, es él diciéndome que todo estará bien. Descubro que lo quiero. Y me da miedo el futuro. Él no me deja ir. Decido quedarme, decido apoyarlo. Me olvido de mí.

Es el veneno en forma de chisme lo que llega a mis oídos. Es el pueblo de las habladurías. El único lugar donde hay más jueces sin licencia. Donde tienen más talento para criticar a los demás que para trabajar y salir adelante. Es mi paciencia a prueba. Es mi mejor amigo advirtiéndome que voy a sufrir. Soy yo dudando, es él prometiendo que todo estará mejor. Soy yo apoyándole, es él besándome. Es la gente hablando.

Es la universidad y las clases. El tedio y la rutina. Soy yo chequeando mi celular a cada minuto. Es él y sus palabras bonitas. Es él y sus promesas de cartón. Son mis amigos opinando. Soy yo queriéndolo cada vez más…

Son las noches más calmadas. Es el tiempo que transcurre en un triciclo. Son mis ganas de escribir por los suelos. Son las lenguas venenosas. Las salidas a lo incierto. Los sustos por no pensar con anticipación. Somos él y yo jugando con fuego, tentando al destino, besándonos más despacio y con más intensidad. Son los ‘te amo’ que se dicen en ese preciso momento. Es la complicidad y la certeza de querer estar juntos.

Son mis vacaciones, las visitas por la mañana, mis shorts, la televisión. Son los besos en el sofá. Sus cambios de humor. Sus celos absurdos. Mis sospechas. Las discusiones por nada. Su BlackBerry en mis manos. Mi desilusión y mi boca cerrada... Mi mejor amigo diciéndome "te lo dije" y secándome las lágrimas. Pidiéndome que sea la misma de antes. Yo sintiéndome idiota. Preparando una venganza silenciosa. Soy yo saliendo con uno que otro buitre. Es el arrepentimiento. Es la culpa que multiplica mi amor. Decido olvidar. Misión imposible.

Es el sepulcro de la confianza. Las palabras que dejan heridas imborrables. La voz alta, uno que otro insulto y empujón. El amor y la guerra. La reconciliación y la pasión. Es mi paciencia agotada. Es su mirada perdida. Son mis lágrimas. Mis mensajes largos. Es él pidiendo que me calme. Soy yo fingiendo que no me importa...

Es una llamada a las dos de la mañana. Otro chisme. Esta vez duele más... Soy yo llorando (de nueva cuenta), es él llamando. Negándolo todo. Decido terminar. El insiste, yo me hago la fuerte. Sigue insistiendo. Yo sigo ignorando. Él se aleja.

Es un vestido negro y la mano de otro en mi rodilla. Son besos en labios distintos. Es la gente viendo, soy yo jugando a ser él. Son sus ojos sobre mí. Es su dolor al verme con otro. Llega otra vez la culpa. Ahora son sus reclamos. Ahora es su sufrimiento que disfruto mientras algo se apaga poco a poco.

Es el perdón que vuelve o se disfraza de algo más. Sin ganas de estar dispuestos a olvidarnos. Vuelve la sed de amarnos o de comernos vivos. Es otra vez la indecencia de sus labios. Mi perturbada mente. Sus preocupaciones. Y mi mano sin su mano. Es su indecisión. Es mi fastidio… soy yo caminando sola.

Es mi bipolaridad. Mis ganas de verlo, sentirlo, golpearlo e insultarlo. Soy yo buscándolo. Olvidando intencionalmente todo. Es él tomando el poder. Rechazándome, culpándome. Hiriendo donde más duele. Dejando en el aire mis intenciones. Jurando que no lo volveré a buscar. Soy yo llamando a mi mejor amigo otra vez, contándole el mismo cuento.

Son mis ganas de huir. Es ese sentimiento vació de no saber si todavía lo quiero. Es la mente que insiste en pensarlo. Es su silencio. Es mi locura. Es querer encontrarlo en otros labios, es decepcionarme sin emoción al percatarme que nadie me ha besado tan bien como lo hace él. Es odiarme a mí misma por pensar así. Es creer otra vez que todos los hombres son iguales. Es tener la mínima intención de enamorarme otra vez.

Es un año después, llorando en el mismo hombro del mismo amigo. En aquel mismo lugar. Viendo el atardecer. Comiendo vasitos. Contándole mis planes. Consolándonos los dos. Haciendo locuras. Riendo, llorando, preguntando al cielo, qué haría él sin mí, y qué haría yo sin él…

Soy yo en el presente, llegando a casa. Sin ánimos de contestar el celular. Tirándome a la cama, abrazando una almohada, mi corazón latiendo por momentos tan fuerte y por momentos tan débil, esa misma sensación en el pecho cada vez que pienso en el ayer en lo que fue y lo que no pudo ser. Esa especie de dolor que parece tan real. Esa impresión de vacío y soledad… solo es un corazón roto, que quizás duele tanto porque está empezando a cicatrizar.

lunes, 2 de abril de 2012

Amor de Verano


Fue hace casi un año, en las pampas olanchanas el verano comenzaba, los soles de marzo por allá son tan ardientes como las hormonas de algunas personas que andan buscando quien se las alborote…

Ya lo había visto antes más no lo conocía… fue un click al instante, tan pronto mi mejor amigo se levantó de la mesa y nos dejo dos minutos solos, comenzamos a bromear como dos viejos amantes que se entienden con las miradas ladinas propias del caso, cuando regresó mi amigo, ya habíamos pactado la salida respectiva del weekend.

 Podría asegurar aunque pocos lo crean que no fue resultado de su astucia o de mi coquetería la química que surgió de la nada, que en realidad culpo al destino, quizás cupido o la mala suerte quién nos unió, pero ese día, para bien o para mal empezó todo.

Quizás nos dimos mil besos mientras nos conocíamos y nos dejábamos llevar por la pasión y esa magia extraña que te envuelve el verano, la euforia de los veraneantes que de Semana Santa solo tiene el título…
Creo que fue un Miércoles Santo cuando nos hicimos novios. Estábamos en un bar con unos cuantos amigos. Yo andaba de shorts y camiseta, despeinada y un poco ebria. Él igual o peor. Desde ese día tiramos a la basura lo que pudo ser una bella amistad pasional que nació un verano. Pero como todo en la vida, las formalidades y los contratos lo arruinan todo.

-¿Entonces qué? ¿Vas a ser mi novia?.- me dijo él mientras tomaba un sorbo de su Port Royal.

-Ya hablamos de eso.-le dije riéndome.

-Yo no quiero ser tu “tope”, quiero que seas mi novia, no quiero que te beses con nadie más.- me dijo en tono serio, mientras me agarraba la cintura.

-Es que me da miedo… no quiero cagarla otra vez.-le dije seria mientras me acordaba del diablo del cual estuve enamorada por casi dos años.

-Yo tampoco, ya quiero hacer las cosas bien. Yo no te haría daño. Quiero que seas mi novia, no te vas arrepentir, lo prometo.-me dijo con su sonrisa fresca.

-Está bien. Hay que intentarlo.-le dije con una sonrisa, mientras bebía de mi cerveza. Pero no me sentí feliz. Pensé en el anterior. Y en el bar empezó a sonar “Tu amor me hace bien” de Marc Anthony. Tenía miedo pero me dejé llevar por el momento. “Son mis vacaciones” pensé.

-Vas a ser mía para siempre.-me dijo mientras me daba un beso con sabor a cerveza.

-“Para siempre” no existe, será mientras nos dure… .-le dije mientras correspondía plácidamente al beso.

Y el verano comenzaba. O quizás ese día terminó lo que yo creí que era diversión. Esos días de fiesta, de calor y cervezas se convirtieron en el parte aguas de una relación basada en la pasión en todas sus formas. Nos preocupamos más por conocer primero los cuerpos que nuestros corazones. Pero no por eso dejó de ser amor. Creo que empezamos a jugar con fuego y nos quemamos como se queman los cerros en pleno verano.

No fue lo que buscaba exactamente, lo que no sale planeado es lo que más te sorprende cuando sucede. Uno nunca termina de entender lo mucho que la vida sorprende sin avisar, ya sea golpe de suerte o golpe mortal, ya sea alegría o tristeza.

Puedo estar casi segura que él, igual que yo no pensó llegar tan lejos. Quizás pensó igual que yo al principio, una aventura a nadie le cae mal. No es cuestión de adularme a mi misma, pero no soy tan fea y soy simpática sin tener que estar borracha.

A los días me arrepentí de haberle dicho que sí. Le eché la culpa a las hormonas, al alcohol, al verano. Lo que ya sentíamos era una semi-obsesión del uno hacia el otro. Suena increíble pero los celos aparecieron antes que el amor (a decir verdad apareció todo antes que el amor) y cuando al fin apareció las cosas empeoraron. Era demasiada pasión. Tan poco tiempo y ya aparecían los defectos. Él un perfecto machista. Yo una despistada. Me daba igual escribirle o no. Él y su fama de mujeriego. Yo, un imán de buitres. Y el verano se esfumaba...

 Tenía que regresar a Tegus, y como siempre, cuando las vacaciones se terminan, mi emoción es parecida a un chanchito cuando lo llevan al matadero. Me acuerdo que se fue a despedir. Domingo en la noche. Le prometí ser más atenta, él prometió ir a verme ese fin de semana, ahora si venían otras pruebas más difíciles. Ya el circo se acababa, era hora de averiguar que tan dispuestos estábamos a ‘hacer las cosas bien’.
Me acuerdo de la despedida. Exquisita como siempre. En su carro. Fue un beso de esos que te dejan sin aliento. Las manos que piensan por si solas… Era la llama viva de esa pasión que nos siguió hasta el final. ¿Por qué tuvo que arruinarlo todo el amor?

Sea como sea, fue un amor de verano que en efecto no terminó con él. Terminó en el invierno por razones ajenas al buen cariño. Son cosas de la vida. Cosas que pasan. Es sin duda un buen recuerdo, por qué no decir que fue de los mejores recuerdos de mi vida. Un amor diferente, un hombre TOTALMENTE diferente. Un pendejo al que amé sin querer queriendo… el mejor amor de verano que he tenido sin duda… (por el momento)

Y como todo en la vida se acaba, también hay cosas que empiezan de la nada, nuevo año, otro verano, nuevos amores, iguales, peores o mejores. Pero siempre habrá esa playa en tu vida en la que te encuentres lo que no imaginaste. Hay amores de verano que duran lo que dura el transcurso de un cometa, otros que duran toda la vida. Cosas grandes o insignificantes, eso no importa, lo que cuenta es que vivas tu vida como unas constantes vacaciones, que esa magia y euforia no se pierdan al momento de enamorarte, pues no importa en qué momento llega, amar siempre es una aventura, muy jodida pero que vale la pena.