domingo, 18 de marzo de 2012

"No Abras Las Piernas"

"Mantén esas piernas cerradas” es la frase favorita de las abuelas y las madres cuando una señorita cumple 15 años o le baja por primera vez la regla. “Cuida bien tu tesoro” “espera hasta el matrimonio” entre otras frases que me dan algo de ternura… pues casi siempre las dicen en vano.


Mi pueblo es pequeño y ya saben lo que dicen sobre eso, el infierno es grande, pero haciendo referencia al mio ¡diría que es enorme! El machismo de los hombres que es muy bien promovido por nosotras las mujeres, es el nutriente más eficaz que hace florecer los tabús a cerca del sexo.

Me acuerdo cuando mi madre quiso hablarme de sexo por primera vez, creo que yo tenía como 17 años, empezó por las orillas, sigilosa, contándome sus experiencias y privacidades a lo que yo reaccioné: mami, esas cosas del sexo ya las sé, no quiero escuchar tus cosas, son privadas, le dije un tanto avergonzada.
-          
        -Bueno mija, el día que llegues a hacer eso solo te pido que te cuides, y si ya lo haces pues igual cuídate, no quiero que arruines tu futuro. – me dijo con un aire de preocupación.

-        -  No te preocupes ma, no soy tonta, tranquila. – le dije para calmarla.

Y a pesar de mi incomodidad por esa conversación agradecí que hiciera eso aunque estaba segurísima que no le habría hablado nunca de mi vida sexual. Pero creo que salió de mi cuarto un poco aliviada o al menos eso creo yo.
Las mujeres jóvenes de estos tiempos no nos enfrentamos a tantos señalamientos ni tabúes como los sufrieron en el siglo pasado. El hecho de que una mujer no llegara virgen al matrimonio era una deshonra, vivir con un hombre sin el permiso de Dios era un terrible pecado (y según mucha gente lo sigue siendo), salir embarazada tan joven era una vergüenza para la familia, entre muchas otras cosas.

Y tampoco es que las situaciones y las mentalidades han cambiado mucho. Las mujeres seguimos siendo iguales, mi abuela también fue adolescente y si un día tengo una hija ella también pasará por lo mismo. Tenemos la fortuna y la dicha de ser mujer, también tenemos el derecho al igual que el hombre de sentir placer siempre y cuando no dañamos nuestra dignidad que de por sí es un poco frágil después de cargar con el pecado de Eva y porque por muchos años nos hicieron sentir inferiores por no tener un pene.

Venimos del sexo. Y me parece algo fascinante el simple hecho de venir de algo bello entre dos personas, aunque no siempre es así. Siempre se ha visto a la mujer como objeto sexual, un instrumento de placer, y cuando empezó a revelarse y a defender su femineidad apareció el contrataque, asegurando que una mujer se convierte en puta por hacer el amor con distintos hombres a lo largo de su vida o una degenerada sexual por masturbarse. Me parece ridículo que todavía hay quienes repiten esas tonterías.

Pero con esto no quiero decir que las mujeres que piensan que la virginidad es algo importante y creen fielmente en el matrimonio y el pecado mortal de la lujuria, son tontas o ilusas, al contrario siento cierta admiración y a la vez cierta compasión. Pero cada quien manda su cuerpo, cada quien decide que carajos hacer con el suyo. Siempre es importante no dejar que alguien más lo decida por una.

Ser virgen para algunas mujeres es como una bandera de orgullo y me parece bien si eso las hace felices, otras mujeres son un poco más abiertas de mente, llevan una vida sexual activa y mandan al carajo los decálogos de como debe ser una mujer digna. Siempre me ha dado la impresión que las mujeres sexualmente activas son más sonrientes que algunas vírgenes que parecen un poco peleadas con la vida. (Ahora es cuando aparecen los moralistas a criticarme). Tener sexo no te hará puta, ser virgen no te hace una santa.

Con esto no quiero burlarme de la virginidad, es decisión de cada quien, tampoco digo que tener relaciones sexuales te hace mejor persona, pero dicen los expertos que te hace más feliz… (Siempre y cuando sepas cuidarte, pues primero que nada está la salud).

La mujer funciona distinto que el hombre a la hora de entregarse. No ocupa ver escotes ni piernas para excitarse (por lo general) el mejor afrodisíaco como dice Arjona siempre es el amor. El bendito amor que causa grandes tragedias y crea también cosas maravillosas.

La intimidad de una mujer es privada y exclusiva de ella. Su sexualidad es igual o más intensa que la de un hombre y está en sus manos cómo, cuando y con quién utilizarla. No veo pecado alguno. Cuando las cosas se hacen con amor todo es válido, y cuando una mujer decide tener sexo por placer también es válido siempre y cuando no le haga daño a nadie.

Es tu decisión si prefieres caminar sosteniendo un veinte entre tus rodillas o si quieres caminar como si te hubiese pasado un toro, hablando de casos extremos jeje...

 Vive tu sexualidad como mejor te parezca, usando tu inteligencia, haciéndolo (preferiblemente) con el corazón y con el amor para que no sufras mucho las consecuencias si ocurre algún incidente al que le tengas que comprar leche y pañales.

Nuestra dignidad de mujer no se mide por la existencia de un himen sino por un cerebro avispado y un corazón limpio. Ama, vive, ten sexo si eso te hace feliz y hace feliz a otra persona. Pero si prefieres esperar también es digno y aceptable, no debe haber cosa más hermosa que pegar a la primera y ser feliz con el primer hombre que te enseñe el mundo fascinante del placer, es como ganarse la lotería.

La felicidad de unos puede ser la desgracia de otros, en este mundo tan disparejo, ya no se sabe que es lo correcto, lo único que queda es hacer lo que nos hace felices sin tener que dañar a otros o peor a nosotros mismos. 

domingo, 11 de marzo de 2012

Nos Amamos y Nos Jod....



Al principio él y yo siempre nos llevamos bien, pero la tragedia griega empezó cuando me dijo ‘te amo’ por primera vez y yo me quedé muda. Quizás él lo dijo para atraparme más o quizás porque esa palabra esta un tanto prostituida en su vocabulario. Yo solo le había dicho esa insolente frase a una persona en toda mi vida y hasta el día de hoy se lo sigo diciendo aunque esté enamorada de otro. Pero no le dije ni siquiera ‘yo también’ porque simplemente no lo sentía.

Al día siguiente fue a mi casa temprano por la mañana. Yo estaba en mis peores fachas, el pelo agarrado con un moño, con mis lentes puestos, en unos shorts rotos y una camiseta escotada. Estaba en frente de mi computadora, justamente escribiendo el cuento que me dijo la noche anterior, que me ama y yo no dije nada pero recuerdo que le dije, te lo voy a decir cuando realmente lo sienta. Recuerdo que en mi drama y frustración estaba escuchando ‘no puedo enamorarme de ti’ del flaco Sabina, tan trágica siempre…

El caso es que llegó. Solo me levanté para abrir la puerta y regresé a sentarme en el comedor para seguir escribiendo. El entró, me quedó viendo extrañado pero yo solo le sonreí y volví a meter mis ojos en la compu, se sentó conmigo y después me pidió un que le diera un vaso con agua, ‘ya que ni eso me ofreces’ me dijo con sarcasmo. Me levanté sin voltear a verlo, el me agarró por la cintura me sentó en sus piernas y empezó a besarme en los labios. No me resistí pero no correspondí con entusiasmo al beso. Cuando se percató de mi indiferencia me soltó. Y le traje su vaso con agua.

-¿Qué tanto escribís?
-De lo mucho que te quiero y de las cosas que hacemos juntos.- le dije.
-Cuidado y te lo lee tu mamá.-  me dijo
-Jamás.- le dije sonriendo y sin mirarlo.

Me acariciaba una rodilla y me besaba un hombro con delicadeza. Yo sabía bien que significaba eso, pero a medida se ponía más romántico más lo ignoraba yo. Hasta que se dio por vencido.
Criticó mis gustos musicales, que nada que ver con sus rancheras. De mi afán por escribirlo todo. De lo rara que soy a veces. Yo solo me reía de él en mi mente. 

Al rato me cayó en mensaje de texto a mi celular. Era de un hombre, pero no era cualquier hombre. Él vio quien era y notó que me puse nerviosa pero no contesté el mensaje y puse el celular fuera de su vista. Le cambió totalmente el semblante de su cara. Ya no estaba concentrada para seguir escribiendo, rogando al cielo que no me dijera nada por el mensaje pues no estaba de humor para pelear.

-Así que seguís en contacto con ese ‘maje’. –reclamó.
-Siempre lo he tenido, desde que tengo 10 años.-contesté con mi sarcasmo más mordaz.
-Ya veo, está bueno, me gusta que tengas ese descaro, pues me demostrás quien sos.- atacó.
-Es muy temprano para pelear, relájate amor.- le dije mientras entraba a mi Facebook.
-Vas a seguir con eso o me vas a seguir ignorando.-me dijo ya exaltado.

Lo quedé viendo seria, pero comprendí que estaba actuando cruel. Y para evitar más problemas le dije que olvidara el mensaje, que aquel solo me saluda de vez en cuando, que ya no es importante y que mejor me diera un beso. Incliné mi rostro hacia el suyo e intenté besarlo pero ahora él se rehusaba. Me reí de él y de sus celos. Intenté seducirlo pero se hacía el difícil.

Ok! Le dije y seguí con lo mío, viendo los chismes del Facebook.
Se enfureció. Me pidió que borrara al tipo de la lista de mis contactos, insinuó que yo tenía algo con él todavía. Yo me rascaba la cabeza y seguía viendo mi compu.

-No sé cómo podés seguir hablando con él.-me dijo indignado.
-Y yo no sé cómo es que te dije que si ese día.-ataqué muy bajo.
-Ah! ¿Entonces te arrepentís?.-me dijo sorprendido.
-Sí, me arrepiento de haberte conocido.-le dije algo fastidiada y sin voltear a verlo.
-Pues a la mierda todo.-me dijo, se levantó y se fue.

Pero el drama le duró poco. Bastaron unas horas para que volviera a ser el mismo y yo con los días iba cambiando mi actitud. Dejándome adiestrar, aprendiendo a estar en compañía y dejando a un lado la soledad, la cual cuidaba como tesoro, me iba acostumbrando a él y poco a poco dejaba de escribir, para crear recuerdos, para vivir aventuras. Para aprender a amar a alguien diferente.

Hasta que conocí la otra cara de la moneda.

Era una mañana de junio, creo que era viernes. El vendría a casa como es de costumbre. Me bañé, me puse crema, me solté el pelo y quise prepararle un rico desayuno.
Él llegó, lo recibí en la puerta con un gran beso. Estaba feliz de verlo. En cambio él estaba agitado y algo serio. No le tomé tanta importancia. Cuando se percató que estaba cocinando para él se sonrió pero no dijo más. Le serví en la mesa, lo atendí como yo pensé que merecía ser atendido, como un rey. Le gustó el desayuno, me agradeció, tomó el último sorbo de jugo y se fue para mi cuarto, encendió el tele y se acostó en mi sofá.

Terminé de limpiar la cocina y me fui a acompañarlo. Me senté en la cama y vi que estaba afanado escribiendo en su BlackBerry. Y tampoco le di tanta importancia, al contrario. Me senté en la cama y empecé a acomodarme el pelo enfrente de él mientras lo miraba con esa mirada que él conoce bien. Él se paró del sofá y se tiró a la cama. Platicamos un rato, pues ante todo siempre nos tratábamos como amigos, después llegaron los amantes, surgieron los besos, las caricias, los te amos, la pasión...

El televisor seguía encendido, y cuando la testosterona y lo progesterona se calmaron, él volvió a enamorarse del tele. Noté que su celular estaba en mi mesita de noche, estaba vibrando el dichoso aparato. No le dije nada. Agarré el BlackBerry, lo miré a él y estaba cautivado viendo una película. Me fui a otro cuarto, me encerré con llave y me dije a mi misma: es ahora o nunca.

Empecé revisando sus llamadas. Nada anormal. Su mamá, un tio, una prima, yo y uno que otro número sin registrar. Sus mensajes de texto. Tampoco nada de gravedad, era uno que otro saludando o preguntando cosas de la universidad. En el bbm encontré la evidencia que jamás desearía haber encontrado. Eran conversaciones con mujeres. De esas que ponen su foto de display enseñando todas las carnes. Diciéndole y mintiéndole ‘hola guapo, como estás’ y él contestándoles ‘bien, linda, hace días no sé nada de vos’ y la conversación siguió fluyendo así, entre coqueteos e invitaciones a salir. No lo podía creer…

Me quedé helada. Sentí como una piedra en el estómago. Regresé a mi cuarto, él seguía viendo tele y no se dio cuenta que le agarré el celular. Lo volví a poner en el mismo lugar sin que se diera cuenta. Me senté a verlo y él seguía con sus benditos ojos en la maldita televisión. Por fin se dio cuenta que yo existía, o quizás sintió mis ojos que querían ser balas.

-¿Qué te pasa charraluda?.- me dijo extrañado.
-Nada.- contesté sin expresión.

Él no dijo más y aunque notó mi incomodidad no quiso averiguar más. Como siempre se hizo el pendejo para evitar una pelea. Me sentía idiota. Quería ahorcarlo. Correrlo de mi casa, de mi cama, DE MI VIDA.... Pero respiré hondo y ya más tranquila me acerqué, le agarré la cara y le dije: te amo viéndolo fijamente a los ojos. Yo también te amo, me dijo. Pero en mi mente solo habían imágenes sangrientas al estilo Spartacus, lo estaba besando pero en ese momento quería convertirme en Crixus y degollarlo, estaba herida, pero también pensaba para qué hacer dramas y escenas de celos, si de la misma manera en que me pagas así lo haré yo, como en la ley del monte. Es así como funciona el amor, me dije a mi misma. Desde ese día se empezó a desbaratar todo. Le perdí la confianza. Nuestro amor consistía en reproches, peleas, celos, todos los achaques de ese cáncer maligno de la desconfianza. Desde ese día entró en mi cabeza ese gusanito venenoso que no salió jamás, desde ese día ya nada fue igual para mí.

domingo, 4 de marzo de 2012

HOMOSEXUAL


De niña crecí creyendo que la homosexualidad era una enfermedad mental, algo atípico o quizás un castigo de Dios para los padres despóticos y machistas.

Quizás era tan boba o tan ingenua que creía en todo lo que me decían en la escuela, en la Iglesia, en mi propia casa y en el barrio. Estaba segura de lo “abominable” de la palabra homosexual, sin embargo no sabía distinguir muy bien quienes eran homosexuales.

Mi compañero de la escuela en tercer grado, tenemos la misma edad, unos ocho años, apenas, es frágil, quejumbroso, llora todo el tiempo sobre todo cuando los patanes de la clase le dicen mariquita, mujercita, culerito. (La crueldad de los niños es tan insolente) pero no lo considero homosexual, quizás porque lo conozco, le tengo aprecio pero dentro de mi inocencia de ochos años tengo la certeza que no es gay, aunque sea más sofisticado y vanidoso que yo no me lo imagino en el infierno ni en un hospital psiquiátrico.

Tampoco creí en los rumores que decían que el Sacerdote de mi Iglesia era gay, cuando tenía unos 10 años, escuché los comentarios de las amigas de mi abuela, “dicen que los encontraron juntos en la cama, al padre y a su cursillista, que barbaridad” comentaban las dos señoras con una biblia en la mano. Aquello que escuché me pareció realmente deleznable, aun así luego de pensarlo bien, no creí que fuese cierto, desde pequeña ya iba entendiendo el implacable veneno de los chismes y las intrigas. Tiempo después el supuesto padre homosexual se fue del pueblo, dejo el sacerdocio sabe Dios que es de su vida.

 Era una niña y siempre por creerme más lista de lo que realmente soy, creía que lo entendía todo, cuando en realidad me embarraba del fango de mi propia ignorancia…
No fue hasta en secundaria, quizás en mi último año, mi pensamiento había cambiado un poco, ya sabía distinguir quien era homosexual, por sus maneras y actitudes, pero mis cadenas mentales me impedían ver todavía la realidad.

A principios del 2006 había una película que causaba revuelo en todo el mundo. Se trataba de Brokeback Mountain o Secreto en la Montaña, una apasionada historia de amor entre dos vaqueros hombres, vi la película y me pareció muy buena, a veces creo que el cine influye tanto en mí como los libros.

En dos horas me di cuenta que todos tenemos esas cadenas que atan muy bien nuestra razón y nuestra capacidad de analizar nuestra realidad y las cosas incompresibles sin que estén las garras feroces de la religión, de los esquemas sociales y la más terrible: la propia ignorancia.

En tan poquito tiempo entendía más que lo que entendí toda mi vida a cerca de la homosexualidad.
La película no sería nada espectacular si se tratara de un hombre y una mujer, pero eran dos hombres aparentemente muy machos que se amaban con locura. ¿Y si es verdadero amor lo que sienten? ¿Por qué habría de llamarse eso un pecado? ¿Acaso Dios no es amor? Pensé y reflexione, tratando de aflojar un poco esas cadenas en mi mente.

Por cosas de la vida, cuando entré a la Universidad tenía deseos de estudiar Psicología pues siempre he sentido una fascinación por el cerebro humano y sus misterios, tiempo después descubrí que lo único que me hace sentir útil y plena es escribir, por eso cambié de carrera, pero en ningún momento lamento haber sacado varias clases de Psicología, pues aprendí mucho o eso espero.

Leí en un libro que en 1970 la Organización Mundial de la Salud había descartado la homosexualidad como una enfermedad mental. Pensé en mi compañerito de tercer grado al que le llamaban maricón. Pensé en el sacerdote picarito del pueblo, pensé en el travesti que se contonea al son de sus tacones por la peatonal, pensé en mis amigos y conocidos que son gays y no salen del closet aún.

Según varios teóricos, la homosexualidad puede derivarse de factores estrictamente sociales, como violación en la infancia, o la crianza demasiado mimada por parte de la madre, o por lo contrario la crianza demasiado estricta de un padre, con todo respeto a los teóricos sus propuestas me parecen absurdas y ridículas. Pueda que tengan algún sentido y en algunos casos se aplique muy bien a la realidad, pero mi percepción me dice otra cosa.

Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos preguntado si somos homosexuales, bisexuales, en algunos casos extremos asexuales, o algo parecido a lo que no está dentro de lo común, ojo que con esto no quiero decir que considero que sea anormal como lo tachan varias personas.

En fin no quiero adentrarme en el mundo de la genética o la biología o la psicología que a decir verdad sé muy poco, mucho menos de lo que quisiera. No tengo que ser científica para hacer mis propios análisis aunque sean rústicos y poco convencionales, pero creo que no hay nada mejor como estudiar nuestra propia mente.

Busqué dentro de mí para ver si había alguna pulsión sexual o amoroso hacia otra mujer, aun estando consiente que me gustan los hombres. Y encontré dos cosas: primero, estoy segura que la mujer es mucho más atractiva y decorativa que el hombre, no me he puesto la camisa de feminista para decir esto pero creo que la mujer es más inteligente que los hombres y segundo, estoy cien porciento segura que no he sentido ningún apego romántico hacia ninguna mujer.

Soy heterosexual, y aunque una teoría algo loca y coherente a la vez diga que todos nacemos bisexuales, solo que algunos desarrollan más un lado que el otro, aun no he encontrado mi lado lésbico y sin sonar cruel o cínica he de admitir que me siento aliviada, no porque siga creyendo que es un castigo eterno del infierno o una patología mental, es porque sé lo mucho que sufren los homosexuales.

Son tantas historias, las vivo a diario, me las cuentan, las escucho y otras simplemente las observo.
Un día un buen amigo mío de la universidad me dijo llorando: yo no pedí ser así, yo no elegí ser gay. Y es verdad, nadie nos pregunta si queremos ser hombre o mujer, bonito o feo, poeta o matemático, pendejo o sabio, simplemente ya estamos predispuestos a ser lo que Dios quiere que seamos sino jamás hubiere permitido la existencia de los homosexuales;  a ver díganme cristianos católicos y evangélicos, ustedes dicen que Dios es perfecto y estamos hechos a su imagen y semejanza, entonces por qué será que permite tanta “imperfección”. Tan difícil es comprender para las personas que si la homosexualidad existe es porque Dios la creó.

El que mata es pecador, el que roba, el que miente también. Porque ellos fueron libres de elegirlo, nadie los obligó a pecar. Entonces, como puede caber tanta idiotez en la cabeza de un moralista para decir que un niño afeminado tiene que corregirse con mano dura para que en el futuro no sea un verdadero marica. Es repulsivo el pensamiento de algunas personas.

Entonces si me considero afortunada en el sentido de que sigo un esquema social, que me dice que tengo que casarme con un hombre y reproducirme, si soy honesta he de confesar que si, en efecto deseo lo que me dicta la vana tradición de la sociedad, y no es tanto que me sienta ‘dentro de lo establecido’ es que el miedo y la cobardía son jodidos, y no me imagino cuánto habría sufrido si hubiese nacido lesbiana.

Recuerdo que una vez una maestra de la escuela me llamó “marimacha” porque mis amigos todos en su mayoría eran varones, (y lo siguen siendo) me decía que yo debía de buscarme amigas mujeres, de usar maquillaje y peinarme más seguido, creo que nunca le tomé el consejo a esa vieja loca. Pero a lo que voy es como nos dicen desde pequeños qué tenemos que hacer y cómo debemos pensar, qué diferente sería si nos dijeran desde que somos bebés que hagamos lo que queramos, que somos libres de actuar siempre y cuando se tenga respeto por la gente sin importar su sexo, raza o religión.

La gente que sale del closet es muy valiente y admirable pero también entiendo a los que les da miedo hacerlo. Me conmueve mucho de ternura ver a padres de homosexuales cuando apoyan a sus hijos y me da tristeza ver cuando otros los rechazan, los desheredan… a veces imagino que tengo hijos y que uno me diga un día: mami soy gay o lesbiana. Sin duda no creo que sea fácil pero creo que me dolería más que un día me digan: mami maté a una persona.

Creo que como todo en la vida siempre hay un propósito para cada cosa. Siento mucho que algunas personas todavía sientan esas cadenas en el cerebro y no los juzgo de ignorantes pues yo algún día estuve ahí. Lo que se pide, se suplica es comprensión y prudencia ante las cosas que no podemos explicar.

Los homosexuales no son seres de otro planeta, han existido desde el origen de la humanidad y a lo largo de la historia les ha tocado sufrir mucho. Debemos celebrar el amor en todas sus formas. El negro se ama con la blanca. El japonés con la hindú, Carlos con Pedro y María con Estafania, tan simple y sencillo es comprender algo, nacemos para ser felices o al menos intentar serlo, no estamos pagando el karma de una vida pasada, la vida solo es una y sale muy caro vivirla sufriendo.

Si eres homosexual y saliste de tu closet interno te admiro mucho y te respeto, estoy segura que no fue fácil pues dentro de nosotros siempre está ese pequeño pendejito de la escuela que juzga y señala, nosotros somos nuestros jueces más crueles. No hay cosa más linda que aceptarse y amarse así mismo.

Pero si eres heterosexual y todavía estás atado y tu mente sigue cerrada te invito a que intentes ver a las personas con más respeto, pues es lo que somos ante todo: seres humanos. Ya verás como respetando y aceptando lo que no comprendes te hará ver y sentir bien. Serás un poco más feliz y ten por seguro que los demás también te respetarán.

lunes, 27 de febrero de 2012

Hola Amiga Hipocresía...


Son la 1:05 de la tarde en mi pueblo, mi querido pueblo donde la gente casi no es chismosa… pues bien, hace un sol abrasador, ya empieza a sentirse el aroma del verano. Voy del brazo de mi mejor amigo, como siempre riéndonos de cualquier estupidez, estamos en un centro comercial, el preferido por la mayoría para ir a tomar algo y refrescarse un poco de ese incómodo calor.

Nos sentamos en una banca al final de la plaza mientras saboreamos unas granitas de fruta que recién compró mi amigo.

Como siempre ando mi pelo suelto y despeinado, mi amigo me queda viendo como si le estorbase mi pobre cabello y me dice: “que charral, peinate”, poco me importan sus palabras burlistas pero un tanto sofocada por la temperatura de sus comentarios, me agarro el pelo con una cola.

Platicando sabe Dios que cosa, mi fregada miopía alcanza ver a una muchacha, de mi edad, nunca fue mi amiga, pero la conozco de años, fuimos a la misma escuela, nos graduamos en el mismo colegio, tiene el cabello rizado, piel oscura, de baja estatura, pero tiene una leve elegancia al vestirse y hablar, no es fea, tampoco es bonita, no la odio, pero haciendo honor a mi franqueza diré que más de una vez hice el intento de llevarme bien con ella. Misión Imposible IV.

En fin, la diviso, no le doy importancia y no le digo a mi amigo porque la plática está más interesante, pero como es de esperar, mi acompañante pareciera que tiene ojos atrás y cuando menos acuerdo le está haciendo señas para que se vaya donde estamos nosotros, ella me mira y en su cara se dibuja una sonrisa torcida, yo finjo ver a otra persona, mi amigo le insiste y la llama por su nombre, ella un tanto comprometida se dirige hacia nosotros, yo pellizco a mi amigo, él me dice sonriendo “comportate” yo sonrío también y lo pellizco otra vez pero más fuerte.

-Hola, ¿cómo estas? – Me dice después que intercambiamos un beso en la mejilla.
-Bien! Tiempos sin verte. – le contesto con mi sonrisa forzada.
-Estás más delgada.- Miente.
- Y vos qué guapa estás.- miento también.

Y luego sin más farsas que decir apartamos la mirada y ella se pone a platicar con mi amigo, que también es amigo de ella, mientras yo finjo que alguien me manda mensajes a mi celular. Me siento incómoda. La miro de la cabeza a los pies. La observo como habla. No me gusta como se ríe. No me gusta saber que no nos caemos bien. Me acuerdo de la escuela, del colegio, siempre se creyó la sabelotodo. Y lo peor del caso, le gustaba el mismo chavo que a mí. Dios, no la soporto, pensaba. Mientras me volvía a sumergir en mi teléfono.

Por fin se va, y nos despedimos de beso pero ninguna hace sonar los labios, fue tan chistoso como fatigoso. Se dio la vuelta, mi amigo me queda viendo con la sonrisa más burlona que tiene y yo le advierto: cerra el pico. Se ríe de mí. Ambos nos reímos.

Soy una hipócrita, le dije. ¿Qué pasaría si las personas dijeran lo que piensan de los demás, aunque no sea nada agradable? Qué reacción hubiese tomado ella si en vez de saludarla le pongo cara de perro y le digo: a mi ni me hables, nunca te he caído bien, me criticas con tus amigas, alguna vez me habrás dicho “zorra” porque el tonto aquel del colegio se besaba conmigo y no con vos, no me gusta tu pelo, no me gusta que seas mentirosa, odio decirte que no te odio y odio más decirte que no puedo hacerlo, simplemente no me caes bien, tengo calor, mi granita se derrite y no te quiero saludar; me siento una perra por decirte esto pero es la verdad.

Me imagino su reacción. Pero si ella también quisiera decirme en la cara lo que piensa de mí, dudo mucho que sean cosas bonitas y estaría en todo su derecho de hacerlo.

Soy temperamental gracias a mi madre, soy muy expresiva gracias a mi padre y soy sincera gracias a Dios. Pero eso no significa que tenga la licencia y la libertad para hacer sentir mal a alguien con mis palabras, prefiero pecar de hipócrita y no de cínica.

Hay personas en la vida que no tienen que hacer mucho para caer en la punta del hígado a los demás. Si es verdad, ella no me agrada, también es cierto que no me ha hecho ningún daño, ni tengo razones para odiarla, y no ganaría nada en hacerlo. Por eso ahorrarme varios insultos que en realidad están fuera de lugar no significa tanto ser hipócrita sino también ser prudente, mostrar clase y educación aunque mucho me cueste…

Pero volviendo a mi amigo, me encantó su respuesta: no es gran pecado ser hipócrita, pero como todo en la vida, hay ciertos niveles. Hay gente que realmente se pasa, primero te ven, te saludan, te abrazan, te halagan, se dan la vuelta, se ríen, comentan, envenenan con chismes e inventos, luego te vuelven a ver y el ciclo se repite.

Y he caído en la reflexión que para tener equilibrio y paz en la vida se debe ser prudente, hay que educar la lengua y domar los pensamientos negativos sobre alguien. Es de humanos sentir apatía por algo o alguien pero es de sabios aprender a aceptar las cosas como son y no como queremos que sean.

No creo que algún día ella y yo lleguemos a ser amigas, creo es cuestión de compatibilidad. Pero tampoco será justo decirle al mundo que es una mala persona e inventar cualquier estupidez sobre ella.

Cuando la vuelva a ver, no le voy a sonreír sin ganas, ni la voy a balear a morir con mis ojos. Simplemente la voy a saludar, no le voy a decir mentiras sobre su ropa o si está fea o bonita. Solo la voy a saludar. ¿Qué si soy hipócrita? No sé. Pero mantendré el nivel de mi hipocresía al mínimo, y elevaré el de la prudencia.

Saludos, sé que vas a leer esto. 

domingo, 19 de febrero de 2012

Me gusta...


Me gustan los domingos por la tarde en mi casa, me gusta ver mi cuarto desordenado y que aun así se vea bien (aunque mi madre piense lo contrario), me gusta el olor de mi pelo recién lavado.

Me gusta comer tapado olanchano y fresco de tamarindo con poco hielo, me gusta ver a mis amigos, que cada vez son menos, me gusta pelear cuando estoy aburrida pero prefiero amar y hacer reír a los que están jodidos (ojalá alguien hiciera lo mismo por mí).

Me gusta disfrutar el paisaje de un atardecer aunque me digan cursi o ridícula, también me encanta como se ven los cerros en la noche cuando se incendian en el verano, aunque me digan sádica.

Me gusta hacer lo que quiero, lo que me gusta, aunque después me arrepienta, hago lo que siento en ese momento, digo lo que pienso aunque lastime, me gusta más que he aprendido a escuchar y a no juzgar más de la cuenta.

Me gusta ser vanidosa y ser desaliñada con la misma intensidad. Me gusta cuando me piropea alguien guapo y elegante y no un albañil o busero. Me gusta sentirme libre cuando no quiero hacer nada, ni siquiera bañarme o salir de la cama hasta al medio día.

Me gusta leer a autores inteligentes aunque después me diga a mi misma con envida: mierda, qué imaginación de jodido/a. Me gusta escribir mis secretos para no olvidarlos ni deformarlos con el tiempo.

Me gusta sentir este vacío y esta soledad que hoy tengo para saborear y darle matices a mi dolor para poder crear y describir lo que a muchos les cuesta expresar.

Me gusta saber que él me extraña y que se refugia en su orgullo mediocre, me gusta que hable mal de mí con sus amigos cuando está borracho y después en su cama, mire mis fotos, piense en mis besos e intente llamarme. Me gusta colgarle el teléfono, me gusta ignorarlo y hacerlo sufrir, aunque después cago mi orgullo y sea yo quien lo llame.

 Me gusta hacer lo que deseo y no sentirme culpable.

Me gusta el café que me estoy tomando ahorita y el rostro del niño que estoy viendo en los brazos de su madre, me gusta ver a mi familia feliz aunque sea por un rato. Me gusta saber que todo tiene un fin.

Me gustan mis piernas y me gusta enseñarlas, me gusta mi pelo despeinado, me gusta como se ve mi cuerpo desnudo. Me gusta besar y que me besen con ganas, me gusta sentirme amada.

Me gusta sentirme mal de vez en cuando, me gusta el sabor de la aflicción compartida. Me gusta el Karma porque ya me ha sacado varias facturas y las sigo pagando. Me gusta el perdón pero no el olvido.

Me gustan las cervezas aunque mi madre no lo sepa, me gustan las fotos, los hombres, los perfumes y los libros.

Me gusta saber que tengo un buen amigo, me gusta saber que puede ser buena amiga.

Me gusta reírme cuando alguien se tropieza, me gusta cuando no niegan que se tiraron un pedo y no piden perdón por ello.

Me gusta escuchar una canción y acordarme de ese preciso momento en que fui muy feliz, me gusta remover el pasado.

Me gusta tener amigos y amigas gays pues aprendo mucho de ellos.

Me gustan los discursos de Hugo Chávez aunque sean solo palabras, me gusta en secreto Barak Obama, me gusta ver Keeping Up with the Kardashians aunque critique la televisión chatarra. Me gustan las buenas películas.

Me gusta comer...


Me gusta ser joven, me gusta esta vida, me gusta vivirla, por Dios que es verdad, por muy perra que sea a veces es una dulzura también.

Me gusta ver mi cara en el espejo después de llorar, se ve mucho mejor que cuando rio demasiado, a demás las lágrimas limpian el rostro y las carcajadas lo arrugan. Prefiero llorar.

Hoy me gusta todo aunque esté descontenta e infeliz. Me gusta saber que a pesar que hoy son días grises no pierdo mi fea sonrisa, no pierdo mi idolatría hacia el dios del amor ni la fe en mi misma, hoy me gusta sentirme orgullosa de mi misma aunque a veces me deteste con sincero odio, hoy me encanta la idea de vivir en este mundo aunque digan mis primos los mayas que pronto se acaba.

Hasta siempre.

lunes, 13 de febrero de 2012

Será Eterno Mientras Nos Duré, Corazón…



Y llegó el 14 de febrero. Confieso y no por ser aguafiestas que se me hace la forma más tonta de gastar dinero a lo pendejo comprando aquellos cuantiosos regalos y enormes arreglos florales que duran dos días, aunque pensándolo bien, no habría fuerza en este mundo que me hiciera rechazar un regalo así, es solo que los considero realmente innecesarios, los detalles, los pequeños detalles, como dice la canción, son los importantes, y lo mejor del caso: no tiene que ser 14 de febrero para hacerlos. 

Me da ternura la gente que cree en San Valentín, digo ‘ternura’ (y sin sarcasmo) porque se escucha más bonito que ‘lástima’… pensarán quizás que estoy amargada o molesta con el mundo, pero no es así, la amargura dejémosla a los limones, pero sean comprensivos con mi persona, sería hipócrita si les digo que desmayo de la emoción con estas fechas y que hago el mismo show que hacen algunas ridículas cuando el bruto del novio gastó sus ahorros de la mesada en comprarle el peluche más grande de la tienda.

Y como hoy ando de buenas y como celebro que he tenido vida suficiente para amar, quiero contarles una historia que me contó alguien por ahí… les advierto que no estoy despotricando en contra de cupido, solo trato de usar mis lamentos con algo de buen humor, ojo que cualquier parecido con mi realidad es pura coincidencia…

Parte 1 El cuento soñado...

Él la conoce sin querer, le gusta pero no está seguro si la atracción es mutua. Que cabrón es el destino, se la encontró otra vez, esta vez más simpática y coqueta, le pide su número, la invita a salir, ella acepta, él sabe lo que quiere, ella ni se imagina lo que él quiere, él la besa, ella lo sigue besando y el cazador terminó casado.

A partir de esa noche, no pueden dejar de escribirse todo el día y hablarse en las noches, ella le cuenta las tragedias de su día en la universidad, él trata de parecer importante en las pláticas, ella pone las fotos más sensuales en Facebook para impactarlo, él la piropea y le dice ‘qué mujer más bella’ todo el tiempo, ella finge que le cree, los dos están locos, ella enseña los mensajes románticos de él a las amigas, él enseña las fotos sexys de ella a los amigos. Y el mundo es feliz hasta el momento.

Los dos se buscan, por magia o por calentura siempre están juntos, un buen día, él no resiste la idea que otros la persigan, ella odia que coquetee con cualquier ‘zorra’, él dice: quiero que seas solo mía, para toda la vida, ella cree lo primero y se ríe con lo segundo pero dice que si, se abrazan, se comen a besos,  ‘mientras nos dure será eterno, corazón’…  y la vida es la cosa más divina que existe...

Parte 2 La historia de terror.

Él: -¿Dónde estás? ¿Por qué no contestas rápido? ¡Escucho la voz de otro pendejo ahí!

Ella: No amor, es un equis que iba caminando por ahí… ¡y no me estés reclamando si ya me contaron que ayer saliste con aquella tal por cual!

Empieza la guerra. Terminator y Rambo se quedan cortos. Él le dice que quite esas fotos tan ‘vulgares’ del Facebook, que no se ponga esas falditas ni esos vestiditos en los que enseña “todo”, ella le revisa el BlackBerry cuando está dormido y encuentra lo que nunca quiso encontrar… él se despierta y se arma Troya.

La vida se va acortando en dos simples escenas bastante homogéneas de pequeñas peleas y gigantescas reconciliaciones, pasa más tiempo y las cosas se ponen al revés, el orgullo va tomando terreno, la pasión se desborda en celos y chantajes, el amor ahora está herido, cohibido y se esconde en el baúl de las cosas perdidas rogando por no ser encontrado.

Parte 3 El  Apocalipsis 

El final es eminente pero hay algo que los hace aferrarse, el miedo a estar solos, el terror a verse en los brazos de otro y por cobardía se refugian en el placer, convirtiendo la relación en una mueca de payaso triste con risas momentáneas.

A él no le importa lo que le diga ella, a ella cada vez le duele menos lo que el hace, ya no gritan, no hay insultos, ahora la indiferencia es la conquistadora, importadores de lágrimas y exportadores de besos en bocas ajenas, ya se hicieron el suficiente daño pa darse cuenta que es urgente un borrón y cuenta nueva.
Las gestiones de la despedida son más jodidas que el propio adiós…

Pasó el tiempo, se encuentran en aquel lugar, ambos de la mano de otra persona, se miran, se sonríen pues saben que quizás están repitiendo la misma historia con otro pendej@ diferente.

FIN.


Feliz Día del Amor en todas las formas. Y de la Amistad, por supuesto.

 Les comparto esta hermosa canción y video... que dice la verdad más descarada del amor aunque duela..

viernes, 3 de febrero de 2012

¿Realmente existen los amigos?


Y llegué a los deseados 21… y por primera vez en muchos años me la pasé bien… en realidad, este nuevo año me hizo reflexionar a cerca de las personas que forman parte de mi mundo imperfecto. Me di cuenta que en ocasiones he sido muy injusta con ellas… me alejé muchas veces de su cariño sincero e incondicional y me adentré en la vida de otros seres que en verdad no se ganaron mi confianza, al contrario me lastimaron mucho, pero como leí hace poco una cita en Twitter: “No hay que preocuparse por los tiempos difíciles, porque la mayoría de las lecciones que tenemos en la vida, vienen de cambios y errores”.

Si hubiese tenido un blog a los 15 años, probablemente todos mis posts hablarían de mis amigos y sus locuras, de cualquier supuesto amor de la vida, de mi primer borrachera con tres amigas  y de la cual todo el colegio se enteró… de mil cosas pues mi vida nunca ha sido aburrida, al menos no como ahora, que estoy sola en casa, sentada en un sofá, escuchando a la melancólica Adele, con el pelo mojado, con una terrible pereza pa escribir, con los ruidos sordos de esta mueca de capital y como único amigo mi celular que es testigo de mi soledad, pero ya sin dramas, hoy, a mis veintiún años, espero estar más madura y hablar de mis verdaderos amigos, los cuales si existen, ¡qué sorpresa! Y que no todos tienen, por eso y más me siento afortunada aunque esa misma fortuna es como un enorme arreglo floral que se mira lindo pero en el fondo tiene unas espinas peligrosas y algunas flores marchitas, pues como todo en la vida tiene algún negro en la sopa…

Y hablando de ‘negros’ hay uno en especial, se llama O.C.E. lo conocí en el colegio hace unos seis años más o menos, está completamente loco y lo digo literalmente, con sus constantes comentarios de ser un artista y sentirse frustrado por vivir en ese ‘horrible pueblo’ le está privando al mundo de ver su ‘belleza’ ese Negro es como esa sonrisa que sale aún cuando estoy en la peor de las desgracias…

Tres días antes de mi cumpleaños él, P.D.R. (mi mejor amiga, quien está un poco loca y tiene el carácter más especial del mundo) y yo teníamos pensado hacer algo juntos, antes de terminar las vacaciones, lo que yo no sabía es que ellos habían planeado celebrar el aniversario de mi natalicio sin que yo me diera cuenta, en fin a decir verdad no sospeché nada… pero saber que íbamos a estar juntos un fin de semana era fiesta total.

Eran como las 7:00 de la noche del sábado, el Negro y yo íbamos en camino hacia Becerra, lugar donde es originaria P.D.R. y donde nos estaba esperando muy desesperada por cierto...
Mientras cantábamos y gritábamos como locos ‘My happy ending’ de Avril Lavigne estaba pensando sobre todo en la parte de: you got your dumb friends… no en nadie en especial más que en mí y todos esos basuras que me han hecho daño, así sin avisar y a quema ropa le pregunté a O.C.E. no sin antes bajarle al volumen de la música:

 - ¿Vos crees que algún día nos enojemos tanto que nos dejemos de hablar y yo cuente tus secretos, vos los míos, y nos odiamos a muerte y guerra total, crees que eso sea posible?

-¿por qué crees eso? Respondió con otra pregunta.

-Solo contéstame, ¿crees que algún día se acabe nuestra amistad? -le resumí.

-Yo también estaba pensando eso el otro día, y si puede llegar a pasar si somos tontos y nos dejamos llevar por lo que digan o hagan otras personas, si vos estas segura que yo nunca te traicionaría pues yo pienso lo  mismo, nosotros no somos amigos, somos hermanos.

Y con esa respuesta fingí sentirme conforme y le dije: tenés toda la razón. Mientras le volvía a subir al estéreo y seguía perdiéndome en mis pensamientos.

Nunca me he puesto a dudar sobre el cariño que me tienen mis amigos, sé bien clasificar los verdaderos de los impostores sin crear rivalidades estúpidas, nadie es tan perfecto como para agradar a todo el mundo. Pero en mi mente siempre ha estado la frase que me dijo mi madre una vez: “En este mundo no hay amigos! Solo Dios y tus padres te pueden amar incondicionalmente” y no dudo ni un minuto de la veracidad de esas palabras, pero cuando alguien que no lleva tu sangre se llega a convertir en parte de tu familia, haces contar su significado, he aprendido a querer a mis amigos como si fuesen mis hermanos, a veces los odio cuando discutimos y me gustaría que se tropezaran si van caminando y si eso pasa me caigo también pero de la risa… me ha dolido cuando me han fallado y más cuando yo les he fallado pero en ellos conocí el perdón por muy humillante que parezca.

Nunca voy a olvidar ese verano en el que me enamoré sin querer del equivocado y todo lo que hacían ellos era escudar a mi corazón para que no me lo hicieran caca, aunque al principio no entendí con el tiempo  a regañadientes les di la razón.

Mi familia es la principal razón por la que me siento más orgullosa y bendecida en esta vida pero mis amigos son como ese plus de alegría que ocupan mis días grises como el de hoy...

PD. Feliz mes de la amistad... Ahh y también Feliz mes de los Pendejos, quiero hacerles un homenaje a ellos en el próximo post.
Ciao.....
Les dejo esta bella canción pa que la dediquen